Comentario al Evangelio del

Julio César Rioja, cmf

Queridos hermanos:

“Me voy y vuelvo a vuestro lado”, “Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre” y ¿ahora qué hacemos? Las preguntas se amontonan: ¿cómo continuar y hacer frente a las situaciones?, ¿cómo organizarse?... “El Paráclito (el Defensor), el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho”. Estamos apañados, es cuestión de fiarse, de saber y tener la certeza, de que Él no nos dejará solos a nosotros, ni a la comunidad, estará siempre a nuestro lado.

El Espíritu vive dentro de la comunidad y de cada persona y aunque aún faltan días para que llegue Pentecostés, el nos enseña y recuerda las palabras de Jesús. Las hace actuales para que cada comunidad, tenga en ellas el criterio para tomar decisiones, no las cambia, ni nos hace interpretarlas a nuestra manera, hace presente aquí y ahora el mensaje de Cristo. Discernir, va ser a partir de ahora una palabra importante: y eso consiste en escuchar la Palabra, abrirse al Espíritu y al amor de los hermanos.

La primera lectura de hoy nos concreta todo esto, la naciente Iglesia se encuentra ante su primera crisis: “Esto provocó un altercado y una violenta discusión con Pablo y Bernabé”. Estos habían bautizado a gentiles sin obligarlos a la circuncisión judía y comenzó la controversia: “Se decidió que Pablo, Bernabé y algunos más subieran a Jerusalén a consular a los apóstoles y presbíteros sobre la controversia”. El encuentro, algunos lo han llamado Concilio de Jerusalén, se saldo con una carta para la iglesia de Antioquía, que dice: “Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros”. Esta es la forma concreta de resolver las cuestiones internas y de recordar las palabras de Jesús haciendo caso al Espíritu.

Es el Espíritu el que nos trae la paz: “La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo”, no es la paz conseguida por la fuerza militar o la paz de los cementerios, fruto de la ausencia de vida y por tanto de conflictos. No se pueden separar la acción interior del Espíritu, del problema de la primera comunidad o de nuestros problemas actuales. El que concibe lo espiritual, que viene de Espíritu, como un mundo aparte sin problemas, ni responsabilidades, tiene una fe demasiado infantil.

La fe adulta sabe de los conflictos eclesiales, sociales, familiares… y no pierde la paz que es don del Resucitado y del Espíritu aún cuando se encuentra con su pecado y el de los suyos. Sabe que hay que caminar entre luces y sombras, que por eso nos ha prometido Jesús el Espíritu Santo, que va guiándonos a nosotros y a la Iglesia hasta el final de los tiempos. Los cristianos de hoy no podemos contar con la presencia visible de Jesucristo, ni podemos resolver nuestros conflictos de una forma mágica o milagrosa. El caminar por nuestro mundo nos obliga a una preocupación constante, para descubrir a cada paso que demos el espíritu del evangelio, a fin de que no nos desviemos de la meta de nuestro andar: el Reino de Dios.

No entramos aquí en el conflicto entre autoridad y libertad, espíritu y ley, derecho y pastoral y otros muchos que han salpicado la historia de la Iglesia. Si sabemos decir “el Espíritu y nosotros”, no habrá peligros de divisiones, aun cuando los problemas planteados presenten diversos puntos de vista y en ocasiones hasta opuestos. El discernimiento nos llevará a una actitud sincera de búsqueda de la verdad, cueste lo que cueste y esta es la lección práctica que debemos aprender de las lecturas de este domingo. Ya sabemos que hacer: escuchar al Espíritu.

PD: Hoy es el 1º de Mayo, Día del Trabajo y de San José Obrero. Como decía San Juan Pablo II en Laborem exercens, nº 6: “El trabajo está en función del hombre y no el hombre en función del trabajo”. Los creyentes en Jesús de Nazaret, debemos animar a todas las personas a denunciar las situaciones injustas que se padecen en el mundo obrero y del trabajo, y a promover el derecho a tener un trabajo decente que no niegue la dignidad de los trabajadores y trabajadoras, ya que el trabajo es para la vida. No estaría mal recordar esto en algún momento de la eucaristía, o sumarse a las manifestaciones festivas y reivindicativas en nuestras ciudades.

En muchos sitios se celebra también el Día de la Madre, por ser el primer domingo de Mayo, mes de María, consumismos aparte, recordemos a nuestras madres y tengámoslas presentes en la oración o visitándolas en este día.

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