Comentario al Evangelio del

Alejandro Carbajo, cmf

Queridos amigos, paz y bien.

            No se puede poner límites al Espíritu. «También a los gentiles les ha otorgado Dios la conversión que lleva a la vida.» Cuando Pedro se dirigía a casa de Cornelio, quizá no se imaginaba que estaba poniendo la primera piedra de uno de los más importantes momentos de la historia de la salvación: abrir la puerta a los gentiles.

            Llegó el momento de terminar con los odios, las envidias, las desconfianzas entre judíos y gentiles. La Iglesia naciente debe ser testimonio del amor fraterno en el mundo, superando las disparidades.

            No fue fácil, quizá, para Pedro, renunciar a sus educación judía. Es posible que, como Jonás, quisiera negarse a asumir su destino, ir al encuentro de los gentiles. Pero tenía encomendada la tarea de superar esta barrera.

            Si Pedro no hubiera vencido sus prejuicios, ¿qué sería ahora de nosotros? Pero Dios ablandó el corazón de este pescador y él siguió la voz de Dios, sin saber muy bien, quizá, dónde iba a terminar. Y qué rápidamente ocurrió todo: el Espíritu Santo descendió sobre todos. Parece que Dios tenía prisa para comenzar la nueva era de unidad.

            ¿Dónde ya quedado la unidad? Ahora vemos diferentes confesiones (protestantes, católicos, ortodoxos, luteranos…) que se tienen miedo unos a otros. Se nos ha olvidado que son muchas más las cosas que nos unen que las que nos separan. Si pudiéramos concentrarnos en la herencia común recibida, sabríamos encontrar caminos para volver a la unidad. Están dándose pasos, el Papa Francisco y el Patriarca ruso Kiril se han reunido, Ojalá sepamos ir por este camino.

            Por desgracia, dentro de la misma Iglesia vemos no pocas diferencias, entre “conservadores” y “renovadores”, entre “creyentes viejos” y “conversos”… Pensemos hoy qué podemos hacer nosotros para lograr la paz en nuestra parroquia, en nuestra diócesis, en nuestro grupo comunitario. Si hiciéramos del amor y de la unidad el fin fundamental de nuestras acciones, qué ejemplo seríamos para las demás iglesias.

            Perdónanos, Señor, por no haber conservado la unidad y no esforzarnos en volver a ella. Danos sed de unidad con todos los cristianos. Haz de tus fieles un solo pueblo.

            Vuestro hermano en la fe, Alejandro, CMF.

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