Comentario al Evangelio del

Carlos Latorre, cmf

¡Buenos días, amigos!

El dramatismo de la escena es perturbador. Cómo pudo haber tanto odio en aquellas personas para matar a Esteban como si fuera un animal peligroso. El fanatismo justifica los crímenes más horrendos, como tan crudamente estamos viendo en la actualidad contra los cristianos perseguidos en el Oriente Medio. Recientemente hemos contemplado estremecidos las imágenes de las cuatro Misioneras de la Caridad que fueron atacadas el viernes 4 de marzo hacia las 8:30 a.m. hora local, mientras servían el desayuno a los ancianos ydiscapacitados que atendían en el albergue de Aden, Yemen. Murieron con los delantales puestos. Los homicidas asesinaron a otras 12 personas que las ayudaban y, presuntamente, secuestraron a un sacerdote indio que vivía en el centro.

El Obispo aseguró que las hermanas Anselm, Reginette, Margarita y Judith murieron como mártires: "Mártires de la caridad, mártires porque testimoniaron a Cristo y compartieron el puesto de Jesús en la Cruz".

Mientras apedrean a Esteban, Lucas hace entrar en escena a un personaje secundario, que pronto será el gran protagonista del libro de los Hechos. Se llama Saulo. Fue la sangre de un mártir inocente, Esteban, la que produjo la transformación de Saulo en el gran apóstol Pablo.

En el evangelio de hoy la gente que escucha a Jesús le desafía: “¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti?”. Tal vez también nosotros hemos sentido esa tentación de pedir “pruebas” al Señor. El apóstol Tomás decía a sus compañeros: “¡Si no veo los agujeros de los clavos  y meto mi dedo en ellos, no lo creeré!”. Jesús exige ser acogido como el pan vivo bajado del cielo. Sólo aceptándole a Él nuestra vida se transforma.

Conversaba yo un día con un amigo. Tenía su familia, su casita, su pequeño taller de refrigeración. Trabajaba él, trabaja la esposa en un taller  de costura. Pero llevaba una vida muy a su capricho y antojo hasta que una enfermedad le hizo entrar dos veces en la sala de operaciones. ¡Y se desesperó! Este es su testimonio: “Llevo cuatro meses sin trabajar. Yo era una persona orgullosa. Hoy veo la misericordia y providencia de Dios...Cada día hay un milagro en mi casa: no puedo trabajar, gasté todo en mi enfermedad..., ¡pero no nos falta el alimento de cada día para mis hijos! Me sorprende la gran misericordia de Dios para conmigo que estuve tan alejado de Él. Hoy sé agradecer a Dios cada día que amanece. Dos cosas he aprendido de mi enfermedad. Primero: devolver amor a tantas personas que me han mostrado amor. Y segundo: Tener paciencia y aguantar con fe.”

“La vida está llena de cosas hermosas, sólo se trata de saber dónde buscarlas”.

Vuestro hermano en la fe.
Carlos Latorre
Misionero claretiano
carloslatorre@claretianos.es

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