Comentario al Evangelio del

Carlos Latorre, cmf

¡Buenos días, amigos!

La liturgia de este tiempo después de Pascua se alimenta sobre todo con la lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles, llamado también el quinto evangelio, porque narra el nacimiento y el desarrollo de la Iglesia. Hasta aquí los apóstoles han acaparado la atención de Lucas como si sólo ellos actuaran en nombre de Jesus. De ahora en adelante su interés se dirige a hacia los siete diáconos, especialmente hacia Esteban, el primer mártir de la Iglesia.

Esteban es un joven lleno de espíritu, entusiasta y valiente en el anuncio del Evangelio. Lo que las autoridades judías no consiguen discutiendo con él, lo intentan con una campaña de difamación para desacreditarlo ante el pueblo. Y, al final, consiguen que la gente se vuelva en contra de él. Lo acusan de blasfemia por hablar contra la Ley y el templo, símbolos de la identidad judía. En realidad lo que Esteban dice es que la Ley y el templo no han sido abolidos, sino substituidos por la persona de Jesús, cuya venida da cumplimiento justamente a la Ley y al templo. De ahora en adelante todos los hombres y mujeres de cualquier raza o cultura están invitados a creer en Jesús y a formar parte de la nueva comunidad de sus seguidores.

Las semejanzas entre el proceso contra Esteban y el que se siguió contra Jesús son muy grandes: ambos son arrestados por hablar contra el templo; ambos oran por sus verdugos y los perdonan. El martirio de Esteban inaugura en la Iglesia una realidad constante a lo largo de su historia, el martirio, que se está multiplicando en nuestros días.

En el evangelio de hoy se nos habla del Pan de Vida. El evangelista Juan no narra la institución de la Eucaristía en la última Cena, pero a lo largo de esta semana iremos escuchando el discurso de Jesús sobre el “pan de vida” que alimenta la fe de todo el que cree en Él.
«Os lo aseguro, me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre. La obra que Dios quiere es ésta, que creáis en el que él ha enviado.» Jesús mismo que se entrega en el pan partido nos da la vida eterna.

En la Misa final de la Jornada Mundial de la Juventud en Colonia-Alemania el Papa Benedicto habló de la Eucaristía al millón de jóvenes que se habían reunido y habló de la victoria del amor sobre el odio, la victoria del amor sobre la muerte. Jesús puede distribuir su cuerpo en alimento, porque se da realmente a sí mismo por todos nosotros en la cruz. El cristiano ha de llegar a ser en la vida de cada día como una Eucaristía viviente por su entrega generosa. Sólo la eucaristía puede cambiar el corazón humano que vive centrado en un ciego deseo de dominio sobre los demás. La eucaristía puede cambiar el mundo.  Sólo la eucaristía puede hacerlo. Sólo la Eucaristía nos hará verdaderos apóstoles de Jesús.

Vuestro hermano en la fe.
Carlos Latorre
Misionero claretiano
carloslatorre@claretianos.es

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