Comentario al Evangelio del

José Luis Latorre, cmf

Queridos/as amigos/as:

Celebramos hoy  la Solemnidad de la Anunciación del Señor, trasladada del 25 de marzo. Destaco de esta fiesta tres detalles importantes:

  • Dios elige la periferia geográfica  -Nazaret- para que Jesús se encarne; deja de lado Jerusalén, capital del judaísmo, y pone su tienda lejos de lo considerado importante en su tiempo. Jesús viene a estar cerca de los pobres, olvidados y marginados de la sociedad. El mismo Lucas dirá que cuando buscaban un lugar para que naciera “lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre porque no habían encontrado sitio en la posada”. Desde el principio Jesús, el Salvador, hace opción por los pobres.
  • Dios elige a María, una mujer sin ningún título de nobleza, ya que no pertenecía a ninguna familia importante. María es parte de esa humanidad que, pese a las situaciones históricas de marginalidad, rechazo y abandono por parte del oficialismo socio-religioso de su tiempo, confía, espera y está abierta al querer divino. De esta forma hace posible que la Palabra –Jesús- asuma nuestro barro y lo redima. Ella es la firme aliada de la salvación de Dios que colmará la expectativa de los pobres de su pueblo. Su “SI” es fruto de una fe profunda y de un maduro discernimiento que la  convierte en instrumento eficaz de la salvación de todos.
  • El ángel Gabriel encuentra a María  camino de la fuente y allí le dice “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo… Concebirás y darás a luz un hijo a quien llamarás Jesús”. Dios comunica su plan  no en el centro del oficialismo judío, donde todo parece dicho y decidido ya y donde no hay ya cabida para ninguna sorpresa y revelación. sino en una ciudad de Galilea llamada Nazaret, patria de los gentiles, San Juan nos contará que los mismos judíos decían ¿de Nazaret puede salir algo bueno? Tal era el concepto que tenían de esta ciudad.

Desde el inicio de nuestra Redención Dios “despliega la fuerza de su brazo, dispersa a los soberbios en sus planes, derriba del trono a los poderosos y eleva a los humildes, colma de bienes a los hambrientos y despide vacíos a los ricos” (Lc 1, 51-53), porque Jesús ha venido a salvar a los “descartados”, es decir, a los que no cuentan a los ojos del mundo. Y María es la aliada de Dios en su plan redentor.  

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