Comentario al Evangelio del

Juan Lozano, cmf.

Lunes Santo 21 marzo.

Querido amigo/a:

El ciclo de la luna que, -desde la salida (éxodo) de los judíos de Egipto en tiempos de Moisés, marca la fiesta de Pascua-, llega este año muy pronto: el primer plenilunio de primavera en el hemisferio norte. Ha comenzado la Semana Santa.

Si la exégesis bíblica más actual, data la muerte de Jesús el 7 de abril del año 30, esta sería la Pascua número 1986 de la era cristiana desde aquel acontecimiento que partió la historia en dos. Y tú, ¿cuántas Pascuas has vivido ya? Me pregunto a mi mismo, ¿cuántas más necesito para asimilar y hacer más mío este increíble misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor? ¿Qué me pasa que no lo termino de aprehender? ¿Por qué no lo hago más mío? ¿Por qué no me fijo más en el Maestro? ¿Por qué no me cristifico más? O, con otras palabras, ¿por qué no soy mejor después de “x” Pascuas?

¿Cómo estás? ¿Cómo llegas a la Semana Santa? ¿Cómo has vivido esta Cuaresma? Cada uno llegamos con nuestra mochila de preocupaciones e ilusiones, de experiencias y deseos, de cansancios y logros... Vengamos como vengamos, comenzamos un tiempo -“kairós” (de calidad, de gracia) no “cronos” (cantidad, duración)-, muy especial. No podemos dejarlo pasar sin más. Venimos a darlo todo, con el trigo y cizaña que somos.

En esta Semana Santa como primera lectura leemos los cuatro cantos del Siervo de Yahvé, del profeta Isaías. Los tres primeros, del lunes al miércoles. El cuarto, en la impresionante celebración del Viernes Santo. Hoy, escuchamos del profeta aclamar al siervo que no gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no la apagará. Manifestará la justicia con verdad. Jesús se fía del Padre y obedece su voluntad.

En el evangelio de hoy, contemplamos al Señor en Betania, en casa de Lázaro, Marta y María. Es la casa de sus amigos donde Jesús vive y disfruta de la amistad. Esta escena sucede “seis días antes de la Pascua”, por eso se lee hoy. En ella, María unge los pies de Jesús con un perfume muy caro y Judas protesta con una buena excusa. La queja de Judas sirve para señalar la intención del gesto simbólico: Jesús es consciente de que su fin se precipita, e interpreta el gesto de María como una unción anticipada que presagia su muerte y sepultura. María muestra su amor y veneración por el Maestro. Intuye su fatal desenlace y le brota del corazón este gesto de servicio y cariño.

Señor, yo también quiero tener gestos de cariño contigo. ¿Cómo ungirte? ¿Por qué no te ofrezco lo mejor de mi, mi mejor perfume? ¿Por qué en ocasiones me guardo este caro ungüento y no soy capaz de derramarlo con más generosidad? Tú lo vas a dar todo por mi, ¿qué hago yo por ti? ¿Cómo acompañarte en esta Semana Santa? No quiero que estos días pasen sin pena ni gloria, quiero vivirlos con pasión, a tu lado. Ayúdame a estar cerca de ti y entender este gesto de amor que un año más somos invitados a actualizar y hacer más nuestro. ¡Feliz Semana Santa allá donde estés!

Vuestro hermano en la fe.
Juan Lozano, cmf.

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