Comentario al Evangelio del

Pedro Belderrain, cmf

Queridos hermanos y hermanas,

Seguimos adentrándonos en el Cuarto Evangelio. Durante tres días podremos contemplar y alimentarnos del capítulo 5. Los estudiosos nos dicen que nos encontramos ante uno de los fragmentos más profundos de la obra de Juan. Estamos en pleno ‘libro de los signos’. Hoy volvemos a ser testigos de una manifestación del poder de Jesús. El escenario ha cambiado, y no es nada secundario: nos encontramos en el Templo de Jerusalén, en la piscina de Betesda. Rodean a Jesús enfermos, ciegos, cojos, paralíticos… Esta vez no es el enfermo quien toma la iniciativa, sino el Jesús que le mira. Sus palabras vuelven a ser rotundas y efectivas: “Levántate, toma la camilla y echa a andar”. Y de repente la enfermedad de treinta y ocho años desaparece. La gracia de Dios, que libera y desentumece, vuelve a manifestarse con claridad. ¡Y por si alguien tiene alguna duda Jesús actúa de nuevo en sábado!

Hoy también podemos fijarnos en muchas cosas. En el capítulo dos del Evangelio Jesús ha convertido el agua en vino y dejado bien claro que ha comenzado un tiempo nuevo. La boda, la alianza, el vino, la alegría hablan de nueva creación. Ese trasfondo impregna también el texto de hoy: el paralítico puede abrir una etapa completamente nueva en su vida. La Palabra de Dios, tan eficaz en la primera creación -cuando el Padre fue llamando a la vida a los astros, los planetas, los animales, el ser humano- vuelve a serlo en esta nueva creación que se hace patente en el Resucitado: “levántate, toma la camilla y echa a andar”.

El pasado es para muchos hombres y mujeres de hoy una rémora, un lastre. La vida va dejándonos rasguños y cicatrices; con frecuencia el paso del tiempo y la lentitud de los cambios mina poco a poco nuestra moral: ¿a dónde vamos a ir ya?, ¿podremos celebrar una Pascua realmente nueva?, ¿es todavía posible el cambio (el cambio del mundo, el cambio de mi comunidad, de la Iglesia, mi cambio)? Hoy la Palabra deja muy claro que sí: el Señor de la Vida puede hacer que nuestras camillas pasen a formar parte del pasado. Aunque sea sábado, aunque nadie pueda meternos en la piscina cuando se remueve el agua.

¡Señor, aumenta nuestra fe! ¡Ayúdanos a creer que haces nuevas de verdad todas las cosas!

[Millones de personas recuerdan hoy en todos los continentes la dignidad de la mujer. No tenemos por qué coincidir con todos los que la defienden ni compartir todo lo que dicen, pero la defensa de las hijas de Dios y sus derechos es asunto nuestro el 8 de marzo, el 9, el 10…].

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