Comentario al Evangelio del

Carlos Latorre, cmf

¡Buenos días, amigos!

Estamos en el corazón de la Cuaresma. Es el tiempo en que la Iglesia nos invita con más insistencia a profundizar la vivencia de nuestra fe cristiana. Y en concreto los días viernes se dedican a meditar la Pasión de Nuestro Señor con el rezo de las estaciones del “Vía Crucis”.

Además el viernes es el día en que más se recomienda el ayuno y la práctica de la caridad como fruto del ayuno. Otro compromiso importante para vivir la Cuaresma es no descuidar la lectura y meditación de la Palabra de Dios. Cuando somos tentados sólo la Palabra de Dios nos salva, porque pone al descubierto al tentador. Jesús nos insiste: “Vigilad y orad para no caer en tentación”. Es el camino de la victoria.

En el evangelio de hoy S. Marcos presenta a Jesús dialogando con un persona muy sincera y, además, entendida en la Ley de Dios. El fundamentalismo religioso de los fariseos había multiplicado los mandamientos en aproximadamente seiscientos treinta, algo asombroso. Fue entonces cuando el escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?»  Jesús, fundamentándose en las Escrituras, responde que el mandamiento principal no es uno sino dos: el amor a Dios y el amor al prójimo. La respuesta de Jesús se caracteriza por la seguridad soberana con que une el amor a Dios y el amor al prójimo. El escriba admirado replica: «Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.» Sólo el amor a Dios hace posible el amor al prójimo, que a su vez  hace auténtico el amor que sentimos por Dios.

La liturgia nos propone precisamente para este día a S. Casimiro, hijo del rey de Polonia. Esto me ha hecho pensar en la Jornada Mundial de la Juventud que se realizará en la ciudad polaca de Cracovia  del 25 de julio al 1 de agosto de 2016. He aquí un breve resumen de las virtudes de este joven  santo polaco:

“Sus preferidos eran los pobres. La gente se admiraba de que siendo hijo de un rey, nunca ni en sus palabras ni en su trato se mostrara orgulloso o despreciara a los más miserables y antipáticos. Un biógrafo afirma que la caridad de Casimiro era casi increíble, un verdadero don del Espíritu Santo. El amor tan grande que  tenía a Dios, lo llevaba a amar inmensamente al prójimo, y que nada le era tan agradable como la entrega de sus bienes en favor de los más necesitados, y no sólo de sus bienes materiales, sino de su tiempo, sus energías, de su influencia respecto a su padre el rey. El pueblo lo llamaba "el defensor de los pobres".
Se enfermó de tuberculosis, y murió el 4 de marzo de 1484, a la edad de 26 años”.

Que el ejemplo de este santo joven acompañe la Jornada Mundial de la Juventud.

Vuestro hermano en la fe.
Carlos Latorre
Misionero Claretiano
carloslatorre@claretianos.es

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