Comentario al Evangelio del

Fernando Prado, cmf

La cuaresma es un tiempo propicio para hacer un esfuerzo especial por escrutar nuestro corazón para tratar de descubrir en él lo que haya de pecaminoso, de tentaciones a las que consentimos y, desde ahí, iluminados por la Palabra, enderezar el camino si es el caso.

La ambición, la vanidad y el poder mal entendido que hoy corrige Jesús a sus discípulos en el Evangelio son tentaciones a las que nos podemos ver también nosotros inclinados. Conocemos nuestro barro. No somos ni mejores ni peores que aquellos del tiempo de Jesús. Sin querer, podemos dejarnos atrapar por la lógica del mundo, por esa “mundanidad espiritual” que nos lleva a actuar como si Dios no existiera.

Por ello hay que estar en guardia y dejar que Jesús nos interpele con su palabra y nos enseñe, una vez más, que entre nosotros no ha de ser como sucede en el mundo. “Que no sea así entre vosotros”. Entre nosotros, el que quiera ser el primero… que sirva. Aunque parezca mentira, la lógica del Evangelio es distinta. Permíteme amigo o amiga, este pequeño chiste: esta lógica del Evangelio se resume en la conocida “ley del boxeador”, que en labios de Jesús suena así: “hay más alegría en dar que en recibir”. El testimonio de felicidad de los que viven bajo esa ley es unánime. No hay mejor cosa que ambicionar “los bienes de allá arriba”, como dice San Pablo, “los carismas mejores…”. Recuerda, hay uno que es excepcional: el amor.     

Vuestro hermano y amigo,
Fernando Prado, CMF

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