Comentario al Evangelio del

Fernando Prado, cmf

Jesús nos invita a dar un paso mayor en nuestra relación con los demás. Se trata de un paso mayor en profundidad. Para los maestros de la ley y los fariseos, el “no matarás” marcaba con claridad el límite. Al prójimo no hay que hacerle ni desearle ningún mal. Respetar al prójimo (sobre todo su vida) es, sin duda, todo un logro. Esta ley quizá fuera suficiente para una convivencia social justa y en paz. En muchos lugares del mundo, acuciados por situaciones de guerra y de violencia, se conformarían, sin duda, tan solo con eso. No es poco.

Para Jesús, sin embargo, no es suficiente. Sus seguidores han de superar a los maestros de la ley y a los fariseos, tratando de vivir reconciliados con sus semejantes, a quienes han de comprender como hermanos. Ahí está la diferencia. El otro no es uno más, un número,  alguien distante al cual tan sólo respetar. El otro es más que eso. Es mi prójimo, mi hermano. Y esto lo cambia todo. Los creyentes nos reconocemos hijos de un mismo Padre y, por tanto, como tales hemos de vivir y comportarnos. Esto añade un “plus” a nuestras relaciones y a nuestra forma de comprender a los demás. A su vez, para nosotros supone un verdadero desafío.  El desafío nos lo pone Jesús: “se os ha dicho… pero yo os digo…”.  Jesús nos propone siempre algo más. Y en este algo más, está la diferencia que nos hace realmente seguidores suyos. Ante el otro, no encuentro en él alguien anónimo, sino a mi prójimo, a mi hermano.

Recordemos la historia de aquel caminante del desierto que ve una figura a lo lejos. Desde el miedo, comienza a pensar si quizá no sea una fiera amenazante que tan pronto se le acerque de seguro le iba a atacar. Al acercarse,  el caminante va descubriendo que la fiera no es tal y que, más o menos, aquello que ve tiene su mismo tamaño y una figura similar. En un principio se siente más tranquilo. De pronto, vuelve a avivarse su temor y vuelve a desconfiar: “quizá sea un maleante que me quiera robar. Me tendré que defender”. Pero, a medida que se acerca más y más, comienza a darse cuenta de que aquel que se le acerca es un hombre tranquilo que camina. Se acerca todavía más y descubre que es su propio hermano, que hacía tiempo que no veía. Entonces, desaparecido todo temor, corre hacia él y se funden en un abrazo. Recuerda: en la cercanía, cuando me hago prójimo, todo cambia.

Tu amigo y hermano,
Fernando Prado, CMF

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