Comentario al Evangelio del

Fernando Prado, cmf

El papa Francisco ha querido que en este año jubilar, el tiempo de Cuaresma sea vivido de una forma especial, si cabe, con más intensidad, con mayor fervor. En la Bula con la que convocó el jubileo extraordinario de la misericordia, el Papa nos invitaba a reflexionar y a tener muy presentes las tradicionales obras de misericordia, que, como bien sabemos, encuentran su origen en este texto de Mateo que hoy se proclama en toda la Iglesia.

Hace unos días, en el mensaje papal para la cuaresma, Francisco nos ha vuelto a invitar a tenerlas en consideración. La razón es clara: Dios no es un “Spray”, un amor en nebulosa o etéreo. El nuestro es un Dios que se ha hecho “carne”, que ha querido venir a nuestra historia asumiendo nuestra propia humanidad en la suya. Este modo de proceder de Dios es, para nosotros, normativo y aleccionador.

En Jesús, que es el rostro visible del Dios invisible, hemos podido comprender que no se aman las ideas, sino las personas. Ahí precisamente, en este amor concreto que Jesús nos ha enseñado como camino para la vida, es en donde nos lo jugamos todo. El examen del creyente no es teórico, sino práctico, como el que se nos exige para pasar las pruebas y concedernos el permiso de conducir. Al atardecer de la vida, decía S. Juan de la Cruz, “nos examinarán del amor”.

Las obras de misericordia pueden ser para nosotros un indicador fiable de nuestra fidelidad a nuestra fe; un elemento de discernimiento y de juicio para saber si seguimos adecuadamente al Señor o no lo hacemos. ”Venid, benditos de mi padre, porque tuve hambre… ¿Cuándo te vimos, Señor…? … Cada vez que lo hicisteis con uno de estos pequeños, a mí me lo hicisteis“.

La Cuaresma es un tiempo propicio para tomar nueva conciencia de si en nuestra vida nos estamos conduciendo por el camino adecuado o nos estamos desviando. Un tiempo propicio para volver al camino recto, que siempre es un camino de amor concreto que se materializa en gestos y acciones. Nunca lo olvides. No se puede amar a Dios a quien no vemos si no amamos a nuestros hermanos a quienes sí vemos.

Tu amigo y hermano,
Fernando Prado, CMF

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