Comentario al Evangelio del

Fernando Torres Pérez cmf

 

      La fiesta de hoy se mueve entre la universalidad y la amenaza. Me explico. La historia de los magos de Oriente que llegan hasta Belén para adorar al niño siguiendo una estrella misteriosa que les guía hasta el mismo pesebre es la forma que tiene el evangelista de decirnos que el niño recién nacido, Jesús, trae consigo una buena nueva de salvación que no es sólo para los judíos sino para todos los hombres y mujeres del mundo. La tradición ha hecho, con muy buen tino, que cada uno de estos magos sea de una raza diferente. Así se expresa mejor esa universalidad del mensaje cristiano: Dios ama a todos sin distinción. Todos somos hijos suyos (independiente de que lo sepamos, lo creamos o lo aceptemos). Los Magos adorando al niño nos invitan también a nosotros a adorar, a reconocer que lo que nos viene en ese niño nos abre a un futuro mejor para todos, más fraterno, más justo, allí donde nadie quede excluido ni marginado. Los Magos adorando al niño nos invitan a comprometernos en nuestra vida a hacer realidad ese reino, donde los niños –es decir, los más débiles, los más vulnerables– ocuparán el centro y tendrán el primer puesto. 

      Además de la universalidad así expresada, el relato del Evangelio se dedica en buena parte a contarnos el momento de encuentro y diálogo entre los magos y Herodes. Herodes es el rey de los judíos. Herodes no quiere competidores. Como buen rey de la época, está dispuesto a mantenerse en el puesto a sangre y fuego. La noticia de que ha nacido un niño al que se le llama el “Rey de los Judíos” enciende todas las alarmas en el palacio del rey. No lo puede consentir. Hay que hacer algo inmediatamente. Pero Herodes no sabe, como no saben los magos, dónde está ese niño. Utiliza su poder y su astucia. Los sabios del pueblo le pueden informar del lugar. De informarle de los detalles se ocuparán los mismos magos a los que invita a pasar de nuevo por su palacio a la vuelta del encuentro. Así se va fraguando el plan para eliminar al niño. 

      Pero el bien termina triunfando sobre el mal, aunque no sin pasar por momentos difíciles. El poder hace atrocidades a veces para mantenerse. Hace poco hemos celebrado la fiesta de los santos inocentes. Ha habido demasiados inocentes a lo largo de nuestra historia. Demasiadas víctimas ofrecidas en el altar para salvar a los poderosos. La historia nos recuerda que la salvación que nos trae el niño Jesús es para todos sin excepción. Pero que supone compromiso y esfuerzo y lucha para hacer que el bien triunfe sobre el mal, que el poder malo no llegue a ganar la partida.

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