Comentario al Evangelio del

Fernando Torres Pérez, cmf

 

      De buenas a primeras nos puede sorprender el texto evangélico de hoy. Habla de violencia. De la violencia que se hace contra el reino de Dios. Y de la gente violenta que se quiere apoderar del reino. Al leerlo, me ha venido a la mente una escena de una película de hace ya unos cuantos años que narraba la vida de Gandhi, el pacifista luchador por la independencia de la India frente al dominio británico. Creo que la película se llamaba igual: “Gandhi”. En esa escena se ve como Gandhi y los que le siguen resisten la violencia de las fuerzas armadas británicas. Y la resisten mediante la no-violencia. Ellos se manifiestan por una causa justa. Los soldados se oponen a esa marcha. Y frente a la no-violencia los soldados oponen la violencia de sus fusiles. Caen muchos del lado de Gandhi. Están inermes. No tienen fusiles para defenderse. Pero siguen avanzando. Al final, los soldados se tienen que retirar. No pueden matar a toda una multitud desarmada. 

      La película me hace pensar que hay que ser muy fuerte para resistir a la violencia. Es más. Me hace pensar que la violencia es, precisamente, la reacción de los débiles. El reino de Dios exige un compromiso serio. Ser cristiano, anunciar la buena nueva del reino, no es en absoluto tarea para personas débiles ni flojas ni mustias ni endebles. Hay que ser fuertes. Hay que comprometerse con la justicia y con el amor. Hay que poner la fraternidad por encima de cualquier otra razón. Hay que perdonar y amar sin límites. Todo eso no es fácil. Exige, en muchas ocasiones, violentarse a uno mismo. Porque lo que le pide a uno el instinto es no perdonar sino vengarse, es responder a la violencia con más violencia.

      El reino nos pone en un compromiso Nos saca de nuestras casillas, de nuestra zona de comodidad. Y nos invita a recorrer caminos nuevos. Pero sabemos que son los únicos caminos por donde podremos llegar de verdad a la paz, a la fraternidad, a la justicia. El reino exige tenacidad, constancia, fidelidad.

      Ya ha venido el que tenía que venir. Jesús nos habla con claridad de por dónde deberíamos caminar si queremos alcanzar ese reino y que sea de verdad para todos. “El que tenga oídos, que escuche.” 

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