Comentario al Evangelio del

Fernando Torres Pérez, cmf

 

      Leo la primera lectura y me sorprende la actitud de Eva. Ha comido del árbol que no debía comer. Lo sabe y es consciente de ello. Pero, cuando le pillan en falta, hace un movimiento que es muy típico de muchos de nosotros –y ahí nos podemos sentir identificados con ella–: devuelve la pelota y dice directamente que ella no ha sido culpable sino víctima. Ciertamente ha comido del fruto prohibido pero no lo ha hecho por su voluntad sino porque “la serpiente me engañó y comí”. ¡Pobre Eva! ¡Tan inocente! ¡Tan ingenua! No se merece castigo sino consuelo. Ella no ha hecho nada. Es su debilidad la que le ha llevado a hacer lo que no debía hacer. Ella no es responsable. Ha encontrado una excusa y se siente tranquila. 

      Leo a continuación el Evangelio. Recoge hoy el relato de la anunciación. El ángel del Señor se aparece a María y mantiene un diálogo con ella. En ningún momento asume María una posición de criatura débil y encogida. En ningún momento pretende pasar la pelota a otro diciendo que ella no puede cargar con lo que se le está pidiendo. Plantea dificultades muy reales a la propuesta del ángel. Y escucha atentamente la respuesta. Lo hace desde la fe y la confianza en Dios. 

      Su respuesta final se sitúa en las antípodas de la respuesta de Eva. Ella no pone una excusa. No mira para otro lado. Simplemente, asume la propuesta y se pone a disposición de su Señor. “Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.” Se siente responsable y se dispone a hacer lo que haya que hacer para llevar adelante la misión que el Señor le ha puesto por delante. 

      Son dos actitudes muy diferentes. Está el que mira para otro lado, encuentra siempre excusas y sigue su camino. Y está el que da un paso al frente, asume la responsabilidad y hace lo que tiene que hacer. Por eso, María se convierte en la primera discípula y en la primera anunciadora del Reino. Por eso, María siguió a Jesús por los caminos de Palestina y terminó a los pies de la cruz. Por eso, acompañaba en la oración y en la vida a los discípulos de su hijo después de la resurrección. No es más que asumir las consecuencias prácticas de la frase con la que se comprometió ante el ángel, cuando todo empezó: “Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.”

      Hoy empieza el año de la Misericordia. Buen momento para asumir nuestra responsabilidad. No se trata de pensar en lo que tienen que hacer los demás para vivir este año la misericordia de Dios sino de ver que es lo que puedo hacer yo para en mis palabras y obras testimoniar la misericordia de Dios para con su pueblo. 

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