Comentario al Evangelio del

Juan Carlos Martos, cmf

Queridas amigas y amigos:

El evangelio de hoy nos estremece al contemplar a Jesús llorando. En su llanto por Jerusalén reconoce el fracaso –al menos parcial- de su misión. El Maestro llamaba a las puertas, pero no las derribaba. De nada sirvieron sus esfuerzos ante quienes se le cerraban a cal y canto. La Ciudad Santa es paradigma de cualquier comunidad o iglesia.

  • Una comunidad necesita un principio de unión. En una ciudad hay calles, plazas, paseos, edificios. Es un espacio plural. Toda congregación humana también es plural. Está formada por personas distintas y con diversos intereses. Solo consiguen componerse si dejan a Dios un espacio en medio. Sin el sentido de Dios es imposible la unidad. Contemplar un grupo humano dividido es, a veces, más triste que avistar las ruinas de una ciudad. También hace llorar a Cristo.
  • Una comunidad necesita la paz. El bienestar de un grupo exige además la paz. Una persona enojada no puede conciliar el sueño, pierde el apetito, se aísla. El malhumor nos hace incluso mirar mal a quienes nos hacen el bien. Es imprescindible recuperar y mantener la paz para seguir juntos. Ello explica la existencia de medios para alcanzarla (la negociación, el olvido, el tabú, la expulsión, la ley...). Muchos de estos medios no pasan de ser anestesia para evitar dolor, pero es dudoso que sirvan para sanar a fondo las heridas. Sólo en la misericordia está la paz verdadera. Y sólo Dios la fabrica.
  • Una comunidad necesita la verdad. Los psicólogos registran la existencia de un trastorno mental que lleva a confundir las propias ilusiones con la realidad. Por ciertos mecanismos proyectivos hay personas que lo padecen. Y el no distinguir trae confusión y división. Si varios no se entienden, terminan enfrentándose. ¿Cómo evitar la confusión? ¿Cómo acceder a la verdadera realidad? ¿Cómo escapar de esa confusa ofuscación? Las cosas son como Dios las ve. Pero, su visión está escondida para muchos, no porque Él quiera ocultarla sino porque se niegan a admitirla. Dios nos hace coincidir en la verdad y con ella crece el resplandor de la concordia.

El infierno es ese lugar en el que no hay unión, ni paz ni comunión en la verdad. Allí no tiene cabida el amor y las personas se vuelven como bestias. Ante ese espectáculo infernal, Jesús de Nazaret sigue llorando... y esperando.

Juan Carlos Martos cmf

Comentarios
Ver 32 Comentarios
escribir comentario
Por favor escriba las letras como se muestran.