Comentario al Evangelio del

Óscar Romano

A la paz de Dios:

Será por sorpresa. Como no sabemos ni el día ni la hora ni el cómo caben distintas actitudes. 1) Dejar que vayan pasando las cosas, vivir como si no pasara nada. 2) Estar con tanta tensión que no se disfrute de la vida. 3) Vivir con la tranquilidad que proporciona saber que uno está haciendo lo que debe.

Puede ayudar esta historia. El centinela:

Cerca de la frontera de un país muy lejano se levantaba un pequeño castillo perdido en medio del desierto. Una mañana llegó un mensaje del rey: "Estad a punto porque nos han hecho saber que Dios visitará nuestro país y quizás pasará por vuestro castillo. Sobre todo estad preparados para recibirlo". Las autoridades del castillo se dispusieron a cumplir las órdenes reales. Llamaron al centinela y le encomendaron que a partir de aquel día no perdiera de vista el desierto y en cuanto viera alguna señal de la venida de Dios se lo hiciera saber.

El centinela recibió el encargo con alegría; nunca le habían confiado una misión tan importante. En pie, en lo más alto de la torre, con los ojos bien abiertos, oteaba continuamente el horizonte en espera del más pequeño indicio.- Cómo debe ser Dios -pensaba- Seguramente vendrá con un gran cortejo y lo distinguiré de lejos... o quizás aparecerá de golpe, acompañado por un poderoso ejército...
Ilusionado como estaba, no pensaba en nada más y se pasaba días y noches en lo alto de la torre. Transcurrió el tiempo y poco a poco todo el mundo fue olvidando el mensaje de Dios. Incluso el rey perdió el interés.

Sólo el centinela se mantenía muy despierto esperando, esperando siempre, bajo el sol y la lluvia. Veía venir caravanas y ejércitos, pero ninguna de ellas era el cortejo de Dios. A veces, cansado de mirar, se preguntaba si todo aquello no era un engaño.

Pasaron los meses y los años. El centinela se hacía viejo y los ojos le empezaban a flaquear. A menudo debía sentarse porque las piernas no le sostenían.

Un día se levantó como siempre para mirar el desierto, pero se dio cuenta que casi no se podía mover. Se sentía cerca de la muerte y una gran amargura le embargó el alma.- He estado toda la vida esperando la visita de Dios y ahora tendré que morir sin haberlo visto, exclamó dolorosamente. Entonces oyó una voz a su lado:
- ¿No me conoces? Sorprendido, el centinela se volvió y vio que Dios había llegado. Lleno de alegría le dijo- ¡Oh, ya estás aquí! Me has hecho esperar tanto... ¿por dónde has venido que no te he podido ver?
- Siempre he estado a tu lado, replicó Dios con dulzura, desde el día que decidiste esperarme. Siempre he estado aquí, a tu lado, dentro de ti. Te ha hecho falta largo tiempo para darte cuenta, pero ahora ya lo sabes. Este es el secreto: sólo quienes esperan pueden verme.

La espera tiene que ver con el amor. Como nos han amado mucho, podemos esperar todo. No se trata de exigencias. La cosa va de amores.

Vuestro hermano y amigo
Óscar Romano, cmf.

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