Comentario al Evangelio del

Rosa Ruiz, rmi

Hoy son las palabras del profeta Zacarías las que nos consuelan y animan:

“Alcé los ojos y vi un hombre con un cordel de medir. Pregunté: ¿A dónde vas? El me contestó: A medir a Jerusalén, para comprobar su anchura y longitud”.

A veces podemos tener la sensación de que Dios nos mide, como si quisiera comprobar nuestras fuerzas, hasta dónde podemos llegar. Sin embargo, siendo esto un misterio, recordemos siempre que esta acción va acompañada de una promesa: “Yo seré para ti una muralla de fuego en torno, y gloria dentro de ella. ¡Alégrate y goza, hija de Sión!, que yo vengo a habitar dentro de ti —oráculo del Señor—“. 

Si alguna vez Dios hiciera algo parecido a “medirnos”, será para habitar dentro de nosotros y rodearnos como muralla fuerte. Como un pastor cuida su rebaño, dice el salmo. ¿No es un motivo de alegría como para vivir en completa confianza?

Somos como los primeros discípulos: no entendemos nada. El lenguaje de Dios a veces nos resulta oscuro, no entendemos el sentido de tantas cosas que ocurren. Y a veces, hasta nos da miedo orar, preguntarle… Pero de fondo, la palabra cálida de Jesús:

“Meteos bien esto en la cabeza: al Hijo del Hombre lo van a entregar en  manos de los hombres”. Así fue con Él. Así ha sido con tantos hombres y mujeres, tantos mártires como Cosme y Damián que hoy recordamos y tantos y tantos anónimos…

Y, misteriosamente, nada podrá quitarnos la alegría. Confía, confía, fíate de Mí… Y escúchalo aquí, si te ayuda.

Vuestra hermana en la fe, Rosa Ruiz, misionera claretiana

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