Comentario al Evangelio del

Rosa Ruiz, rmi

“¡Ánimo!... La palabra pactada con vosotros cuando salíais de Egipto, y mi espíritu habitan con vosotros: no temáis”.

No estamos solos. Merece la pena. Sigue adelante. Nada conmueve más nuestro corazón y destierra nuestros miedos que sabernos y sentirnos acompañados. No estamos solos. Sea lo que sea lo que estamos viviendo, ¡ánimo!, dice Dios por boca del profeta Ageo.

Nos equivocamos al pensar que lo normal o el ideal de la vida es vivir sin problemas, sin contratiempos, sin dolor. Tampoco ese es el objetivo ni Dios espera que suframos, pero nuestra fe no desecha el sufrimiento.

¿Quién decimos nosotros que es Jesús?, ¿cómo lo decimos con nuestra vida y nuestros hechos? Si perdemos la esperanza como cualquier otra persona, ¿cuál es nuestra fe?

“El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día”.

Este es el Jesús que nos pregunta: y tú, ¿quién dices que soy yo?... ¿un amuleto de buena suerte? ¿un salvoconducto para el cielo? ¿un analgésico ante el dolor? No… ser humano es saber padecer, sentir… también cuando nos sentimos solos o con miedo. No porque el dolor sea bueno en sí, sino porque forma parte de la vida y nunca es el final. La vida es el final. El bien es el final. La resurrección es el final.

Ojalá nunca lo olvidemos y podamos decir con nuestras obras quién es Jesús para nosotros.

Vuestra hermana en la fe, Rosa Ruiz, misionera claretiana

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