Comentario al Evangelio del

Juan Lozano, cmf

Querido amigo/a:

En la dinámica de la vida espiritual, todo lo que no se da, se pierde; dicho en otras palabras, todo lo que no se utiliza se atrofia y queda inservible. Esto ocurre con los dones, talentos, cualidades que Dios nos ha dado; si no los usas, quedan inservibles, se estropean. Cuando observamos las vidas de hombres y mujeres que se han dejado llevar por la inercia del Espíritu Santo observamos este dinamismo que estamos comentando: en la medida en la que nos damos y nos entregamos, perdemos nuestros miedos, confiamos, crecemos y somos tremendamente felices y productivos. Y a la inversa.

Fijémonos en la Palabra de hoy: un fariseo correcto y educado, invita a comer a Jesús. Una mujer presente en el comedor se deshace en gestos de amor hacia Jesús. Esta mujer es una pecadora que ha visto en Jesús un hombre que no la condena, que la mira con amor puro, que no la juzga, que restablece su dignidad; se siente amada de verdad por Él y corresponde con amor: baña sus pies con lágrimas, los seca con sus cabellos, le besa los pies, y le unge la cabeza con perfume. El amor que ha recibido de Jesús la empuja a dar ese amor, hecho que le llevará al final de la secuencia a ser perdonada totalmente de todos sus pecados. Mientras tanto el fariseo, no sólo no muestra amor, sino que interiormente juzga a la mujer y se ríe de lo que cree es ignorancia de su invitado: si supiera quién es esa mujer. El fariseo no puede dar amor porque no lo tiene. La mujer lo da, y su amor sigue produciendo más efecto, la lleva a la liberación completa de sus pecados.

Tenemos que dar aquello que hemos recibido, no podemos guardarlo para nosotros mismos pues se pudre y se pierde. San Pablo en la primera lectura le da esta recomendación a su discípulo Timoteo: no descuides el don que poseesse constante.

Hoy es un buen día para tomar conciencia en nuestra oración de los dones que nos han sido regalados y para pedirle al Señor que nos conceda la gracia de darlos, como la mujer pecadora, de modo que produzcan mucho amor a los que nos rodean. Esta dinámica espiritual de dar amor, produce más amor, que es lo que más necesita nuestro mundo. ¡Haz tu aportación!

Vuestro hermano en la fe: 
Juan Lozano, cmf.

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