Comentario al Evangelio del

Juan Lozano, cmf

Querido amigo/a:

Si ayer celebrábamos la fiesta de la Exaltación de la Cruz donde Jesús, en obediencia al Padre y como mayor gesto de amor entrega su vida por nosotros, hoy miramos a su madre en su advocación de Ntra. Sra. De los Dolores. No sé si existe un dolor más grande que el de ver morir a un hijo. Probablemente es la experiencia más dramática de encajar. La Madre de Dios ha sido y siempre será un modelo de fe para todos aquellos que seguimos al Hijo. Lo es porque en ella vemos las actitudes esenciales del seguimiento de Jesús: la confianza, la espera, la valentía, el decir sí, la disponibilidad incondicional, etc. Por eso la llamamos "maestra" y la veneramos y nos encomendamos a ella como máxima y principal intercesora. Si el Cristianismo fuera una ideología no necesitaríamos una madre, pero como el Cristianismo es el encuentro con una persona, Jesucristo, quien mejor que su madre para llevarnos a Él.

Desde el origen de su misión María ya recibe el aviso del arcángel Gabriel de que no será nada fácil: ...una espada te atravesará el alma. Lo que Dios le pide a través de su mensajero no es fácil, ella no se siente digna ni del todo preparada, pero acepta, se fía de Dios: ...hágase. Estoy convencido que al pie de la cruz María se acordó el aviso de Gabriel, pero aún sufriendo el dolor ella sabía que el mal no tenía la última palabra; en medio de sus lágrimas su esperanza no había desaparecido.

Hoy miramos a María. Deberíamos mirarla más porque de ella tenemos mucho que aprender. En la cruz Jesús nos da lo último que le quedaba antes de entregar su vida, nos regaló en Juan a su madre, nos lo dio todo: ...le dijo al discípulo, ahí tienes a tu madre. A ella acudimos, a ella le rogamos que interceda por nosotros para aprender en el camino de la fe, para aprender a esperar en medio de los dolores de la vida, para saber que el mal nunca tiene la última palabra, para saber estar con dignidad al pie de la cruz, al pie de las adversidades de la vida, para saber esperar contra todo pronóstico, para no perder la luz del amor que guía nuestra vida en medio de las tormentas.

Pidamos hoy a nuestra Madre que nos ayude a avanzar en el seguimiento de su Hijo. Nuestra Señora de los Dolores, ruega por nosotros.

Vuestro hermano en la fe: 
Juan Lozano, cmf.

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