Comentario al Evangelio del

Fco. Javier Goñi, cmf

Queridos amigos:

Vivir en la verdad no es fácil. Es más fácil disimular, no decir las cosas claras, aparentar. Y ante el poderoso injusto, lo fácil es adular, callar y consentir. No era así Juan: vivía en la verdad, y por ser fiel a la verdad habló claro, también a los poderosos. Y por eso perdió la vida. Como tantos profetas, como tantos mártires.

Y todo empieza por pequeñas cosas. Si ante un error o una mala actitud de un hermano o de un amigo, prefieres callar por no arriesgarte, acabarás jugando con el disimula, la apariencia, la mentira. Por desgracia, a eso estamos acostumbrados. Vivimos callando la verdad, escondiendo lo que vemos, también escondiéndonos nosotros mismos. Y al final, nuestras relaciones, comunitarias, de amistad o de familia, se reducen a un juego de máscaras en las que cada uno disfraza su verdad y se calla ante la verdad del otro y de los otros.

Da miedo la verdad. Da miedo enfrentar las propias verdades, pero también las de los otros. Da miedo denunciar lo injusto, llamar a las cosas por su nombre, hablar claro a un hermano o a un amigo, decir la verdad… “No tengáis miedo a la verdad” nos decía Jesús, “la verdad os hará libres”. También él acabará dando su vida por defender la verdad, la de Dios, la del Amor, y la del ser humano. Pero el que da la vida por amor, como El lo hizo, se encuentra con la última y definitiva Verdad, la de la Vida con mayúsculas que Dios nos regala y que es capaz de vencer la mentira, el odio, el pecado, incluso la misma muerte.

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