Comentario al Evangelio del

Juan Lozano, cmf

Bienaventurada Virgen María de Fátima (memoria libre).

Del último Concilio celebrado en nuestra Iglesia Católica, entre otras muchas, esta idea quedó bien clara: el fin de la Iglesia no es ella misma, sino amar, servir y evangelizar. Esta es la tarea que desempeñamos todos los católicos desde diferentes y complementarias formas de vida. Desde los comienzos, muchos evangelizadores así lo han sentido y llevado a cabo, como el caso de Pablo que hoy presenta Lucas en los Hechos de los Apóstoles: el discurso en el Areópago de Atenas.

Precisamente porque la Iglesia no vive para encerrarse en sí misma, Pablo viaja al corazón de la cultura y filosofía europeas para hablar de Cristo sin complejos. Con firmeza pero sin soberbia, escucha con respeto a los filósofos, comparte con los epicúreos el rechazo de los ídolos, aprueba la creencia de los estoicos en el parentesco entre Dios y la humanidad: «en él vivimos, nos movemos y existimos» dice citando a Arato, un poeta griego del siglo III a. C.; hace suyas las convicciones de tolerancia del mundo cultural griego hacia las religiones extranjeras. Pablo, respetuoso en la escucha, es valiente en el anuncio: “…paseándome por ahí y fijándome en vuestros monumentos sagrados me encontré un altar con esta inscripción: Al Dios desconocido. Pues eso que veneráis sin conocerlo, os lo anuncio yo”.

En muchos areópagos o espacios culturales públicos de nuestros países quiere silenciarse todo lo relativo al mundo de la creencia y práctica religiosa, como si esto perteneciera únicamente al ámbito privado. No lo permitamos, porque no es cierto. La fe tiene su dimensión pública que tiene derecho a ser expresada, no ocultada; escuchada, no silenciada. La fe es un asunto personal y también público porque propone una serie de valores y denuncia una serie de injusticias, y lo que tiene que decir no debe ser marginado. En muchos lugares no es políticamente correcto que un famoso deportista, cantante, político o actor de cine hable de sus creencias religiosa, de su fe o de su falta de ella. Seamos entonces políticamente incorrectos y expresemos sin miedo, en actitud dialogante, nuestra fe en los areópagos de nuestra vida social: trabajo, amigos, tiempo libre… por que “el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena” nos dice hoy Jesús.

Vivamos una fe sin complejos. Que María, bajo la advocación hoy de Nuestra Señora de Fátima sea la fuerza en nuestro anuncio.

Vuestro hermano en la fe: 
Juan Lozano, cmf.

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