Comentario al Evangelio del

ciudadredonda

Queridos amigos:

Hoy es el día de san Marcos. Celebrar esta fiesta es un motivo de gozo. Y más este año que nos está acompañando en la lectura dominical. El párrafo que sigue es una síntesis del artículo mayor de Enric González publicado en El País, el pasado 1 de marzo. Si alguien como él, que se define como no creyente, se declara profundo admirador de su obra, más motivos tenemos nosotros, creyentes, para sentir un profundo agradecimiento a quien puso por primera vez negro sobre blanco la vida de Jesús. De la admiración al agradecimiento.

Construir un relato no es nada fácil, aunque se trate de contar algo realmente acontecido y dispongamos de datos fiables. Incluso si el narrador ha sido testigo ocular de lo que cuenta, necesita atar cabos sueltos, explicar detalles dudosos y, sobre todo, fabricar una coherencia que no existe en la vida real. Y, por supuesto, ha de tener el valor y la lucidez necesarios para aceptar su propia subjetividad. Las historias crecen y se transforman cada vez que se cuentan o se escriben, pero el texto original, el primero, posee una luz característica: la luz de la creación. Por eso me parece admirable el relato que generalmente atribuimos a alguien llamado Marcos, de quien sólo conocemos lo que escribió. No hablo del evangelio de Marcos como creyente, porque no lo soy, sino como devoto admirador de su breve obra literaria. Recomiendo la lectura del relato de Marcos porque, aunque estilísticamente tosca, es dinámica, abunda en intriga y misterios, contiene presencias diabólicas y exorcismos, y concluye de forma desconcertante. El llamado Marcos creó una historia (desconocemos los hechos reales, sólo sabemos lo que él nos cuenta) sobre la que se construyó gran parte de la cultura occidental. Entre los evangelios, es el único que habla de alguien que parece un hombre real y de su tiempo.

La lectura evangélica de hoy son las últimas palabras del libro. Estas palabras se entienden perfectamente cuando se ha leído-comprendido-vivido toda la historia.

  • Predicad el Evangelio a toda la creación. Id llevando Noticias Buenas. A todos, a todas. A todo: la creación, la tierra. Esta semana, que hemos celebrado el día de la tierra, comprendemos mejor la cantidad de buenas noticias, en forma de sensibilidad ecológica, que espera nuestro querido planeta. Y la cantidad de hermanos y hermanas nuestras que están esperando que seamos para ellos la Buena Noticia de Dios.
  • Los signos que nos acompañan. Me llama la atención la de hablar el lenguaje universal, que todos entienden. Ese lenguaje universal es el de los hechos, que todo el mundo entiende.
  • Ellos se fueron a predicar el Evangelio. Y así hasta hoy.
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