Comentario al Evangelio del

José Vico Peinado, cmf

Queridos amigos:

Me contaba, el otro día, una persona muy amiga, algo que le pasó a ella y que, al leer el texto de Juan, se me ha venido a la cabeza. Uno de los días de Semana Santa, recibió en su casa a una familia muy querida. Uno de los hijos tiene una enfermedad bastante seria, de la que está perfectamente informado. Cuando llegó un momento que consideró oportuno, mi amiga le entregó un regalo. Le dijo cuánto le quería ella y Dios y, al final, preguntó al muchacho: "¿te lo crees?" "A lo cual el chico, con sus doce años, respondió: AQue tú me quieres, lo veo y lo siento; que Dios me quiere, no lo sé".

Este chico está atravesando tiempos recios. Necesita ver y sentir el calor de un cariño piel a piel. El amor humano lo percibe con facilidad. Ha crecido en él. Hasta este momento, también había crecido en un ambiente religioso en el que se daba por supuesto el amor que Dios nos tiene. Ahora ya no lo da por supuesto, sino que, desde la enfermedad, se pregunta: "¿cómo puedo creer que Dios me ama, si me hace atravesar por cañadas oscuras?". Tendrá que ir descubriendo que Dios no manda el sufrimiento, ni protege de todo sufrimiento, pero que sí protege en todo sufrimiento. Que Él es Padre amoroso y que, por amor, sufre con todos los sufrientes de la historia. Que, para que tengan vida, entregó a su único Hijo: ése que es el camino, la verdad y la vida. Ése a través del cual podemos percibir el amor de Dios hecho humano. Ése que nos mandó querernos unos a otros con amor entrañable para que el mundo creyera.

La tarea de este chico es la de descubrir que el amor que le aportan todos los que se lo manifiestan no es ajeno a Dios. Es la presencia del amor grande de Dios en lo pequeño del amor humano. Ojalá no tarde en descubrirlo él. Ni tampoco nosotros.

Vuestro amigo y hermano

José Vico Peinado, cmf

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