Comentario al Evangelio del

José Vico Peinado, cmf

Queridos amigos:

Hay varias cosas que me han sorprendido, haciendo oración con las lecturas de hoy. La primera, se refiere a la lectura de los Hechos de los Apóstoles. Me parece relevante el que, con la libertad recién recuperada, lo primero que se les ocurre a Pedro y a Juan es volverse al grupo de los suyos, es decir, a su comunidad, y comenzar a orar. En la oración, lo que le piden al Señor que les dé la valentía que necesitan para convertirse en anunciadores de la Palabra. Y es lo que se les concede. El lugar donde están reunidos tiembla. Es lo único que tiembla. Y no de miedo, sino de la incontenible fuerza del Espíritu que llena a todos los miembros de la comunidad. La presencia del Espíritu les habilita como valientes testigos. Ya han perdido el temor y se han revestido de arrojo y de fortaleza, de pasión y de atrevimiento. Estaban borrachos del Espíritu de Jesús, que no de vino, el día de Pentecostés. Y siguen llenos de él. Como dice la lectura del evangelio de hoy: hay que nacer de nuevo. Y ellos están tratando de nacer de nuevo. Están tratando de nacer en ese Espíritu, que sopla dónde quiere y cómo quiere. Que es el que da la verdadera libertad. Que actúa como don para percibir como tarea la presencia del Reino que hay que construir. Si el Espíritu guía y conduce la historia, otro mundo es posible. La comunidad cristiana llama a este mundo Reino de Dios.

¡Cuanto me gustaría, Señor, que nuestras comunidades cristianas fueran cada vez más lugares donde se fortaleciera la libertad y la oración! ¡Cuanto me gustaría que fuera una libertad y una oración fruto de tu Espíritu, que nos llevara a nacer de nuevo, para ir a todos aquellos lugares donde se hace necesaria una valentía apasionada para anunciar la Palabra y construir el Reino! Lo deseo ardientemente!

Vuestro amigo y hermano

José Vico Peinado cmf

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