Comentario al Evangelio del

Fernando Torres Pérez, cmf

 

      El reino es fraternidad. Hijos e hijas de Dios, sentados a la mesa, en torno al Padre común, compartiendo el pan y el vino de la vida. Es una forma muy sencilla de decirlo pero suficiente. 

      La parábola del hijo pródigo la hemos interpretado-leído siempre en la clave del perdón. El hijo malo que se lleva su parte de la herencia y que, al volver a casa, pobre y solo, es acogido de nuevo por el Padre. Nos hemos centrado en la espera del Padre. Nos le imaginamos saliendo todos los días, al caer la tarde, al zaguán de su casa, a mirar a la lejanía para ver si vuelve el hijo perdido. Y luego está la famosa pintura de Rembrandt que retrata el momento del abrazo entre el hijo que vuelve y el padre acogedor. 

      También podemos leerla en clave de banquete. Porque al final de la parábola, su culmen, es precisamente un banquete. No se miran los gastos al momento de preparar el banquete. Desde el ternero cebado hasta el mejor de los vestidos. La reunión familiar es una gran fiesta. Es la fiesta mayor que se pueda imaginar. Hay que celebrarlo por todo lo alto. Igual que el reino. Nadie es excluido. Ni siquiera el hijo que ha dilapidado su herencia en tierras lejanas y olvidado de sus deberes familiares. Lo mejor de la parábola es ese momento en que todos se sientan a la mesa a celebrar. Con el pan y con el vino. ¡Hay tanto que contar! ¡Hay tanto que poner sobre la mesa! Siempre envuelto en esa especial fraternidad y cercanía que se produce en torno a la mesa compartida. 

      La nota discordante la pone el hijo mayor. No se opone a que se celebre un banquete. Se opone entre en él su hermano, el malo, el perdido. Deja claro que “ése” no tiene derecho al banquete. Debe quedar fuera. Él, el mayor, el fiel, sí tiene derecho. Para él sí hay que preparar un banquete. El mejor.  No ha entendido nada del reino. El banquete, el reino de Dios, va precisamente de acoger, incluir, perdonar, reconciliar, reunir, abrazar, unir, agregar, acercar, juntar, sumar, hermanar... Exactamente lo contrario de lo que él quiere hacer. 

      Para terminar sólo una pregunta: ¿Somos de los que acogemos, incluimos, perdonamos, unimos...? ¿O de vez en cuando, como el hermano mayor, excluimos, separamos, dividimos, expulsamos, rechazamos...?

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