Comentario al Evangelio del

Fernando Torres Pérez cmf

 

      Habitualmente este comentario se centra en el Evangelio. Ayer ya comenté un poco la primera lectura. Y hoy me centro en ella. Sencillamente porque relata, de una forma sencilla y sin pretender entrar en disquisiciones científicas, lo que es el primer punto de nuestra fe: hemos sido creados por Dios, somos hechura de sus manos. En este punto me acuerdo a menudo de un lema que manejaba un grupo de matrimonios al que conocí hace tiempo: “Dios no hace basura”. La frase está en términos negativos. El texto bíblico es más positivo: habla de la bondad de todo lo creado. Dos veces se repite en la lectura: “Y vio Dios que era bueno”. Y una tercera se reafirma en lo dicho: “Y vio Dios todo lo que había hecho; y era muy bueno.”
      ¿Pero de dónde viene tanto mal? Porque, debemos se realistas, la experiencia de muchas personas, demasiadas, está hecha de dolor, de enfermedad, de sufrimiento, de injusticia, de pobreza, de opresión... Esa es la realidad. Una mirada a la historia nos convence con facilidad de que el deporte más practicado a lo largo de los siglos no ha sido el fútbol ni ningún otro. Desgraciadamente ha sido el de matarnos unos a otros. Hemos ido dejando los campos de este mundo sembrados de sangre. Esa es la mera verdad.
      No voy a discutir lo que yo mismo he dicho. Sólo quiero decir que una lectura creyente de la realidad nos tiene que llevar, por una parte, a ser muy realistas, a vivir con los pies hundidos en el barro de este mundo pero, por otra parte, a no perder la esperanza en el Dios que nos creó y que nos ama como hijos e hijas porque somos obra de sus manos.
      No tenemos respuesta fácil para el dolor y el sufrimiento del tipo que sea. No basta con decir “aleluya” o “Dios lo quiere”. No se puede jugar con el sufrimiento ajeno. Por la fe creemos que nuestro Dios es el Dios de la Vida y del Amor, de la Justicia y de la Libertad. Por nuestra fe haremos todo lo posible, y lo imposible, por liberar a las personas de todo lo que sea sufrimiento y dolor. Y sabemos que Dios mismo, el que nos creó y “vio que todo era bueno”, y nos ha manifestado su amor en Jesús, alienta nuestra esfuerzo y nuestro compromiso.

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