Comentario al Evangelio del

José Luis Latorre, misionero claretiano

La figura del Evangelio de hoy es Juan Bautista, Jesús queda un tanto desdibujado.. Marcos coloca este pasaje después de hablar de la elección y envío de los doce por parte de Jesús. Juan Bautista es el profeta de la verdad y el ejemplo de que anunciar la verdad del Evangelio puede terminar en el martirio. Los otros personajes de este relato son Herodes, Herodías y la hija de Herodías que representan la oscuridad del pecado y la crueldad de los poderosos con los profetas de todos los tiempos, y con todos los que se toman el Evangelio en serio.

El “martirio” es la suerte de los que no piensan “como nosotros y nos estorban”; es la suerte de los que tienen el coraje de decir la verdad aunque les cueste la vida. Los profetas siempre han sido y son molestos, porque dicen la verdad sin paliativos. Los “grandes” (poderosos, soberbios, orgullosos, hipócritas, mentirosos…) aceptan con gusto la adulación y el alago, pero no aceptan que se les diga la verdad. Y por eso no tienen ningún escrúpulo en matar (arma, cuchillo, difamación, calumnia, desprestigio…) a quien dice la verdad, pero no se puede matar la voz de nuestra conciencia.

Dice Juan Jauregui:

Podemos matar a quien nos dice la verdad.
Pero no podemos matar la verdad.
Podemos matar a quien nos dice la verdad.
Pero los que dicen la verdad siguen hablando.
Podemos matarlos, pero su muerte sigue siendo la voz de la verdad.
Podremos silenciar a los que nos molestan.
Pero no podremos silenciar la verdad, porque también los mártires siguen hablando.

Los profetas hablan más de muertos que de vivos.
Los profetas hablan más decapitados que cuando podían hablar.
Porque se puede silenciar al que habla.
Pero no se puede silenciar la verdad.
Además antes hablaban sus palabras.
Pero ahora habla el testimonio de sus vidas.
Juan ya no hablará más.
Pero su cabeza en la bandeja sigue hablando a los que no quieren ver la verdad…

Lo que sí llama la atención es ¡de qué cosas somos capaces nosotros cuando nos cerramos a la verdad! Podremos silenciarla, pero no podremos matarla.
Podremos cortar el tronco del árbol. Pero las raíces vuelven a brotar”.

Hoy celebramos a los santos mártires japoneses Pablo Miki y compañeros, nacidos entre 1564 y 1566, predicadores incansables del Evangelio entre sus comunidades. Al arreciar la persecución entre los católicos fue encarcelado con otros veinticinco más. Después de soportar graves ultrajes fueron crucificados en Nagasaki el 5 de febrero de 1597. Alguien ha dicho que parece “una exigencia indispensable en toda comunidad floreciente el tener algunos de sus miembros que sufran persecución y sacrifiquen sus vidas en testimonio de la fidelidad a la pureza del Evangelio”.

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