Comentario al Evangelio del

José Luis Latorre, misionero claretiano

Marcos nos narra en este episodio el encuentro de Jesús con dos mujeres: una hemorroísa y una joven; una marginada y excluida según la ley y la otra muerta a la temprana edad de doce años; una herida en lo más profundo de su ser por las continuas hemorragias ya que le inhabilitaban para la relación marital, y la otra como una flor cortada en su lozanía.

La hemorroisa sabe bien que no se puede acercar de frente a Jesús por su impureza legal y por eso va por detrás desafiando las leyes judías y las miradas de todos. Y además no puede tocar porque el que es tocado por ella queda igualmente impuro, es decir, lo contagia. Pero impulsada por su fe se atreve a tocar no la persona de Jesús sino su manto. Y al instante “siente que su cuerpo estaba curado”. Jesús notando que había salido fuerza de él se volvió y preguntó ¿quién me ha tocado? Los discípulos le dicen: Señor, todo el mundo te apretuja y preguntas. Pero Jesús seguía mirando para ver quién había sido. La mujer se acercó “asustada y temblorosa, se le echó a sus pies y le confesó todo. Y Jesús le dijo: “hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud”. Jesús marca la diferencia: no excluye, no margina, no hiere, sino que acerca e integra y sana a la mujer en su dignidad de persona. El Señor nos dice también en la parábola del samaritano: “Vete y haz tú lo mismo”; es decir, como cristianos seamos respetuosos con las mujeres, primero en nuestra casa con nuestra esposa e hijas, y luego hagamos que en la sociedad se las respete y valore.

¿Y qué hace Jesús con la joven? Ante la noticia de que está muerta le dice al padre: “no temas, basta que tengas fe”. Y ya en la casa subió con el padre y la madre y los que le acompañaban a la habitación de la niña, “la tomó de la mano y le dijo: Talitha qumi (que significa: contigo hablo, niña, levántate”. Y se levantó y comenzó a andar. La mano de Jesús y su palabra levantó a la niña y la devolvió la vida; tú sabes por la fe que estamos siempre en esas manos que dan vida eterna; tú sabes que el Señor te ha levantado muchas veces perdonándote; tú sabes que Jesús te ha tomado de la mano y te ha resucitado ya por el Bautismo; tú sabes que las manos de Jesús siempre están abiertas para dar si como Jairo tienes fe en Él. Las manos de Jesús derrochan bondad, misericordia, amor, perdón...

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