Comentario al Evangelio del

Luis Manuel Suarez, cmf

Queridos amigos y amigas:

Hoy la Palabra pone en boca de Juan Bautista una frase que decimos en todas las eucaristías antes del momento de la comunión. Se refiere a Jesús y es uno de los “títulos” o formas que tenemos de llamarle. “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”.

Jesús es cordero. Su vida tiene la fragilidad de un cordero, de la vida humana. Un cordero era el animal que los judíos ofrecían todos los años por la celebración de la Pascua. Jesús acaba con esos sacrificios antiguos poniéndose en juego libremente y entregándose “por todos”.

Y así quita Jesús el pecado del mundo: su entrega rompe la cadena de la violencia que dominaba la historia. En adelante, para llegar a Dios ya no hace falta derramar la sangre de nadie, sino que el Dios-encarnado hace de puente permanentemente abierto. Su entrega abre caminos para la reconciliación y la paz. Es el no-pecado. Es la vida nueva.

Como una historia en tres partes. En la “Pascua de Navidad” celebramos el primer acto de esta entrega: Dios viene a nosotros. La “Pascua de Resurrección” representa el segundo momento: Jesús vence el pecado y la muerte. El tercer tiempo lo marca la “Pascua de Pentecostés”, desde donde esa vida nueva pretende llegar a todos.

Vivimos en el tiempo nuevo que ha abierto Pentecostés, a la espera de que esa vida reconciliada llegue a todos y en todos los lugares. Sabemos que esto sólo será pleno al final de los tiempos –porque hasta el final, como en nuestros campos, convivirán el trigo y la cizaña, la buena y la mala hierba-. Por eso con nuestra vida queremos colaborar a hacerlo posible, anticipando ese final feliz que nos espera. El Dios de la vida espera nuestro “sí”, como el de María, para seguir haciendo posible esa vida renovada. ¿Qué le responderás tú?

Vuestro hermano en la fe:
Luis Manuel Suárez CMF (luismanuel@claretianos.es)

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