Comentario al Evangelio del

Fco. Javier Goñi, cmf

¡Dios-con-nosotros!

Él vino, viene y vendrá. Ayer por la noche contemplábamos el Misterio en el aquí y ahora encarnado y concreto de Belén hace 2014 años (quizás algunos más, ya sabemos…). Dios hecho niño en brazos de su madre. Hoy, el Evangelio expresa de otro modo, en nuestro lenguaje –tarea casi imposible- el mismo Misterio en su significado más profundo: La Palabra Eterna de Dios ha puesto su tienda entre nosotros.

Utilizar nuestras palabras para hablar de la Palabra: qué pretensión. El “Logos”, la Palabra que es expresión y manifestación del ser de Dios, que se identifica con Él y que “crea” todo cuanto existe, poniendo “orden” en el “caos”, nunca podrá ser “expresado” en nuestro pobre lenguaje. Pero sabemos que esa Palabra inefable sí que se ha expresado en nuestra pobre y limitada historia, en un tiempo y un lugar muy concretos: se hizo uno de nosotros. Y si la Palabra era la Vida y la Luz en el Seno de Dios, ahora la Palabra presente en nuestra historia en ese niño que nace en Belén se convierte en Manifestación, Vida y Luz en medio de la humanidad.

Este es el Misterio de la Navidad: la Palabra de Dios se ha hecho carne de nuestra carne, Luz en medio de nuestras tinieblas, Vida para vivificar y salvar. Si la acogemos, como los pastores, como María y José, como tantos han hecho a lo largo de la historia, nos hace “hijos de Dios”, nos salva, nos da Vida Nueva, nos abre el corazón al Misterio del Padre que el Hijo nos ha dado a conocer.

Contemplemos el Misterio del Amor Encarnado del Padre, y acojámoslo. Ante el relato del nacimiento en Belén y ante este intento del Evangelio de Juan de expresar el Misterio de la Encarnación en nuestro lenguaje. Y entonces, el que vino irá transformando nuestros corazones y nuestras vidas, hasta hacer de nosotros también lugares históricos concretos –encarnaciones- de la Palabra que es Luz y Vida para todo hombre. Y así, la Iglesia continuará siendo lo que Dios quiere de ella: presencia viva del Hijo en cada momento histórico en todos los rincones de la Tierra. El que vino, sigue viniendo a través de cada cristiano que le abre el corazón, a través de las comunidades que siguen al Señor, a través de la Iglesia. Hasta que llegue el día esperado de su venida definitiva para instaurar el Reino de Dios.

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