Comentario al Evangelio del

Juan Carlos Martos, cmf

El relato evangélico de Mateo muestra la primera aparición de Jesús en su fascinante complicación. No pintemos de purpurina el adviento o la navidad. Los hechos que se nos relatan esconden en su interior la difícil carga de una fe vivida a oscuras en la espera de Jesús. Jesús es concebido y nacerá de María de una forma insólita: Aparece sorprendiendo. José le dotará de las credenciales dinásticas de la casa de David al adoptarlo como hijo. Pero antes, el varón justo deberá pasar una prueba, tan dura como aparentemente innecesaria. La narración mateana enhebra esa prueba entre dudas, ángeles y sueños. Con este nuevo prólogo, inaudito y polémico, Jesús entra en nuestra historia humana para salvar al pueblo.

  • Navidad con dudas. José sufre a su vez, en un silencio total, por la ininteligible forma de hacer las cosas que tiene Dios. María sufre en silencio el desconcierto de José. Él jamás puso en duda la integridad de María. ¡Jamás la ha puesto –ni la pondrá- la Iglesia! Las dudas de José no fueron acerca de la “inocencia” de María, sino sobre el papel que él personalmente debía jugar en aquella increíble historia divina. ¿Acaso no estaba él mismo de sobra en esa familia? No era fácil, en su situación, mantenerse creyente y permanecer al lado de un Misterio que le estremecía y al lado de una mujer tan altísima para él.
  • Navidad con ángeles. En tiempos de oscuridad, de turbulencias, de desorientación, de desánimos, de sombras, de tentación de inhibirse; cuando el futuro se presenta como enigma,  emergen los ángeles en toda su fuerza. ! En la oscuridad... aparecen ángeles! ¡No demonios! Los ángeles indican que el cielo no está cerrado. Y muestran la fantástica creatividad de Dios, su capacidad de clarificar el futuro... Los ángeles abren ventanas hacia el más allá. Muestran que Dios está interviniendo. Son personajes permanentes en cada página de la historia de la Salvación..., altavoces de Dios.
  • Navidad con sueños. Una intervención desde arriba –mediante un ángel sin nombre- le aclara a José que tiene un puesto en el complicado puzzle de la Navidad. Deberá poner nombre al niño. Así será su padre “legal” según el código de aquella cultura. Era el padre quien imponía el nombre. Entonces, conocido su papel en aquel matrimonio, cesan su turbación, su desconcierto, sus dudas. Cuando comprende su misión, todo encaja, todo se entiende. Se ha deshecho el nudo y la oscuridad se vuelve resplandeciente. Hay motivos de esperanza. Hay motivos para el sí.

Nuestras dudas, nuestros ángeles, nuestros sueños... son, también hoy, el paisaje de nuestra expectación ardiente y nuestra espera inquieta del Señor. Con la revelación de Dios acaba la confusión. Todos cabemos en la Navidad. José no sobraba. Nosotros tampoco.

Juan Carlos Martos cmf

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