Comentario al Evangelio del

José Luis Latorre, Misionero Claretiano

Las personas somos seres de costumbres y nos manejamos por pautas heredadas. Generalmente pensamos que esa es la mejor forma de actuar. Normalmente somos bastante reacios a aceptar otras formas de hacer las cosas. Tenemos un ejemplo en el Evangelio de hoy: los escribas, guiados por la letra del Antiguo Testamento, pensaban que Elías debía regresar con la espectacularidad forjada por ellos y maltrataron al que vino con el auténtico espíritu de Elías, es decir, a Juan Bautista, y lo mismo hicieron con Jesús, el Mesías, a quien no reconocieron por presentarse como varón de dolores y no como Mesías bélico-político según sus categorías humanas.

Cuando adoptamos esa actitud de inmovilismo, nos cuesta aceptar plenamente el Evangelio de Cristo porque solemos dar largas: que si no lo comprendemos del todo, que si el mal ejemplo de los responsables, que si las obras dicen una cosa distinta de lo que se predica… Queremos “insensibilizar” la conciencia para quedarnos tranquilos. Ya dijo Jesús: “vino nuevo en vasijas nuevas”.

Abrirse a la novedad y al cambio en cada momento supone una actitud personal de apertura y acogida, de humildad y disponibilidad, de aceptación y de reconocimiento de la verdad que los otros puedan tener, de no cerrarse a la propia interpretación de las cosas y de diálogo. Como dice el Papa Francisco “Mente abierta, corazón creyente”.

Estamos viviendo un nuevo año litúrgico. Muchas cosas van a suceder tanto a nivel personal como social. Es el Señor que está viniendo en esos acontecimientos y nos interpela. Nos puede ocurrir como a los escribas que anquilosados en sus ideas no reconocieron ni a Juan ni a Jesús, o podemos adoptar la actitud de la gente sencilla que se alegraba ante el mensaje de Jesús y sus acciones. La vida es una “profecía” que va anunciando el paso del Señor por ella. Solo “los despiertos” son capaces de reconocer las huellas del Salvador, no así los “adormilados”.

Una presencia muy importante del Señor son los pobres, en ellos se manifiesta Jesús y solidarizarse con ellos es vivir el Evangelio. Y a los pobres no hay que ir a buscarlos muy lejos, pues están bien cerca de nosotros y esperan una respuesta humana y digna. Ellos nos piden un cambio de “costumbres” y de hábitos de vida, porque hay pobres porque hay ricos. Y rico no es sólo el que tiene mucho dinero sino aquel que no está dispuesto a cambiar de forma de vida porque eso le supone llevar una vida más sencilla y sin tantas cosas.

Celebramos hoy la memoria de Santa Lucía, que significa “luz”. Señor, danos luz para descubrirte en cada acontecimiento y valor para seguirte viviendo una vida sin tantas cosas que nos impiden ver la necesidades de los demás.

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