Comentario al Evangelio del

Oscar Romano, cmf

A la paz de Dios:

Lleno de la alegría del Espíritu Santo, exclamó Jesús

“La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría”. No hace falta decir que estas palabras no son mías. Creo que van a pasar de boca en boca como esas de la GS 1 (Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón) o el artículo primero de la declaración universal de los derechos humanos: patrimonio de la humanidad.

«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla.

En estos primeros días de adviento seguimos descubriendo claves para preparar-vivir la navidad. Son los sencillos, los pastores, quienes primero acuden al pesebre. La sencillez es el camino que lleva al Dios de la vida.

Nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar.»

Adviento es un regalo. Conocer quién es Dios es un regalo. Los regalos se reciben, se valoran, se agradecen. Gracias, Señor, por comunicarnos la profundidad de tu corazón.

«¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que veis vosotros, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.»

Qué suerte. Ver y oír. Y contarlo.

Vuestro hermano y amigo
Óscar Romano, cmf.

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