Comentario al Evangelio del

Fernando Torres Pérez, cmf

 

 

      La pregunta es si nos fiamos verdaderamente de Dios. El Evangelio de hoy nos invita a ello.  ¿Quiere eso decir que debemos confiar ciegamente en que nos va a solucionar los problemas de la vida diaria? Porque a veces acudimos a Dios con cuestiones en las que nosotros mismos no estamos dispuestos a colaborar. A lo concreto. Si el problema, por ejemplo, es que mi marido bebe, no basta con encender muchas velas y hacer muchas oraciones. Todo eso está muy bien pero habrá que enfrentar el problema, dialogar y hacer lo que haya que hacer. Porque Dios nos dirá que está muy bien que le contemos el problema pero que nos ha dado la libertad, la capacidad de buscar consejo y de decisión para enfrentar ese y muchos otros problemas que nos vayamos encontrando en la vida diaria. 

      Así que podemos dar un paso más. ¿Creemos de verdad que Dios nos ha regalado los medios e instrumentos (libertad, inteligencia, afecto...) para enfrentar los problemas de nuestra vida? ¿Es que podemos pensar que nos ha dejado a nosotros sus hijos e hijas queridos desamparados ante la vida y sus dificultades?

      Ocurre que a veces tenemos que pasar por momentos difíciles. Algunas decisiones no son fáciles. Y eso nos cuesta. Poniendo un ejemplo muy simplón. Si el estudiante quiere aprobar el examen, está bien que rece, pero es también necesario que manifieste su voluntad de aprobar dedicando el tiempo necesario al estudio. Eso significa esfuerzo, concentración, compromiso y trabajo. La respuesta de Dios a sus oraciones es la inteligencia que le ha dado y la libertad para tomar su decisión de ponerse a estudiar en lugar de ir a divertirse. Pues como este caso, tantos otros. 

      Estoy convencido de que Dios nos ha regalado más fuerza, más decisión y más capacidades de las que podemos imaginar. Como cuando vamos por el monte y subimos una montaña. Hay momentos de cansancio en que nos decimos que no podemos más. Pero no es verdad. Desde que nos decimos eso hasta llegar al límite de nuestras fuerzas queda mucho. Dios nos invita a desarrollar plenamente las capacidades y energías que nos ha regalado. 

      Porque nos ha regalado mucho. Somos sus hijos e hijas queridos. Otra cosa es que nos lo creamos de verdad. 

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