Comentario al Evangelio del

Oscar Romano, cmf

A la paz de Dios:

Sigue Jesús donde le habíamos dejado: en la comida, en el banquete. Debía ser bueno porque alguien pensó que si éste era así, cómo sería el del Reino.

Y Jesús que no pierde ocasión aprovecha para aclarar que la invitación está hecha, que se puede apuntar el que quiera. Pero resulta que cada uno tenemos nuestros quereres (y así como que no quiere la cosa: ¿cuáles son los nuestros, en qué liga jugamos?). Campos, bueyes, casamientos… Cada uno tenemos nuestras cosas, nuestro “mañana le abriremos para lo mismo responder mañana”.

Y nos manda salir a los caminos a buscar a pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos (ver el evangelio de ayer). La repetición aquí tiene sentido de signo.

Todavía queda sitio... En la casa de mi padre hay muchas estancias. Si el Evangelio nos habla de alegría, de banquete, de fiesta… ¿dónde se nos ha quedado la frescura? ¿Por qué para tantos hermanos nuestros hablar de Jesús, Evangelio, Iglesia… suena a tiempos oscuros y pasados? Hay algo que no hemos sabido hacer.

Salgamos hoy a los caminos y a quien nos encontremos le invitamos al banquete.

Vuestro hermano y amigo
Óscar Romano, cmf.

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