Comentario al Evangelio del

Fernando Torres Pérez, cmf

 

      Hay gente que se pasa tanto tiempo mirando al futuro (que si se van a salvar, que si no...), que se les olvida mirar al presente. Como quieren conseguir aquello, se pasan la vida haciendo cosas y más cosas. Acumulan rosarios, devociones, misas, sacrificios y qué se yo cuántas cosas. Imaginan que con esa acumulación están pagando la entrada en el reino, en la salvación. 

      Tienen que leer el evangelio de hoy. La cosa no es tan fácil como comprar una entrada. O quizá, depende del punto de vista, es más fácil que comprar una entrada. Si leemos la respuesta de Jesús, diríamos que en su primera parte nos lo pone difícil. No basta decir que le conocemos. No basta decir que le hemos escuchado. Jesús dice que hay que esforzarse. Hay que poner toda la carne en el asador. Hay que comprometerse. Viene a decir a los judíos que le han preguntado que la posesión de una entrada no significa que uno tenga derecho a la salvación. 

      Y vamos a la segunda parte de la respuesta. Ahí parece que lo de la salvación está tirado. Porque “vendrán de oriente y de occidente, del norte y del sur y se sentarán a la mesa del reino de Dios.” Parece que estos entrarán sin esfuerzo, sin títulos, sin entradas compradas con mucho sacrificio y trabajo. Da la impresión de que estos entran gratis. 

      ¡Las dos cosas son verdad! La entrada en el banquete del Reino es gratuita. No se compra. Nadie tiene derecho a ese puesto. Es regalo del amor de Dios. Sólo el que acepta con sencillez el don de la salvación, quien experimenta en su corazón el inmenso amor de Dios, entra al banquete. Con todo el gozo del mundo. Lleno de agradecimiento ante don tan grande y hermoso. Compartiendo con alegría lo que ha recibido gratis.

      Se quedarán fuera los engreídos, los que atropellan a los demás blandiendo sus derechos de preeminencia. Se quedarán fuera los que pensaron que el amor de Dios se podía comprar. Y lo intentaron. ¡Se equivocaron! 

      Claro que el amor de Dios es tan grande, que, al final, no sé si será capaz de dejar fuera a alguien. Dios, el Dios de Jesús, si se pasa en algo es en misericordia, comprensión y cariño por nosotros.

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