Comentario al Evangelio del

Fernando Torres Pérez cmf

 

      Los cristianos somos gentes de paz. Diría que ese es el mensaje central del evangelio de este día en que celebramos la fiesta del evangelista san Lucas. Por supuesto, hay que recordar lo que decía el papa Pablo VI: la paz no es la mera ausencia de la guerra. Para conseguir esa paz es suficiente con que callen las armas. Ya es algo, por supuesto. Es un buen comienzo. Pero desde ahí hasta la paz queda mucho esfuerzo, mucho compromiso de todos, mucha capacidad de perdón y reconciliación. Lo de las armas es sólo el primer paso.
      ¿Qué queremos decir cuando hablamos de “paz”? Nos referimos a una situación de armonía entre las personas, de armonía de cada persona consigo misma. La paz está más allá de las ideologías. De ninguna manera nos queremos referir a la paz de los cementerios. La paz entre las personas implica el diálogo, el encuentro abierto, la escucha atenta, la empatía. Y un montón de generosidad, de disponibilidad, de olvido, de perdón. Para la paz hace falta que las heridas se curen y eso implica tiempo. Pero es incompatible con la apertura permanente de las heridas porque entonces no cicatrizarían nunca. La paz es el deseo más íntimo de cada persona. La paz es el mayor de los bienes. La paz es el don que Dios nos hace en el corazón.
      Por eso, los discípulos de Jesús somos mensajeros de la paz, portadores de la paz, creadores de la paz. Eso no significa que seamos especialistas en tapar los conflictos o esconderlos debajo de la alfombra. Lo nuestro es enfrentarlos, mirarlos de frente, pero con una mirada de paz, con escucha, con comprensión, con capacidad para curar heridas y no para inspirar venganzas. Esa paz, que no es nuestra porque la hemos recibido de Dios, nos hace más tolerantes, más capaces para el perdón. Nos impide imponer nuestras opiniones al tiempo que nos facilita la escucha del corazón ajeno, de su dolor y de su sufrimiento. Esa paz cura porque está hecha de amor de Dios, amor generoso, sin límite, sin medida.
      Lucas fue evangelista. Nos regaló su evangelio como un mensaje de paz. Ahora está en nuestras manos para regalarlo y hacer que llegue hasta el último rincón de nuestro mundo, hasta el último rincón de cada corazón.

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