Comentario al Evangelio del

Julio César Rioja, cmf

Queridos hermanos:

El Reino de Dios es en todos estos domingos y en la predicación de Jesús el eje central del Evangelio. Esta vez el Reino es comparado con un banquete de bodas, un Rey que celebra la boda de su hijo, invita a ella a la gente importante: “tienen tierras, negocios…”, pero todos tienen otros intereses que les importan más. Es curioso que no acudan a la invitación, siendo el Rey quien invita, es una afrenta, por eso el Rey envió sus tropas y acabó con ellos. Puede tener su explicación: quizás el Rey era el mismo Rey de la cruz, de los humildes y de los pobres. Quienes rechazan a los pobres no pueden sino rechazar a un Rey que les cambia los esquemas. Para ir al banquete o entrar en el Reino los menos preparados parecen los más dispuestos, los de “los cruces de los caminos”, (¿les suena, de los domingos anteriores?).

El texto también nos acerca a la Eucaristía, símbolo del Reino, es el banquete del hijo, del esposo, que establece con nosotros una relación de amor. El que pretenda entrar en el banquete debe dejar a un lado sus intereses y negocios, porque lo importante es compartir con Dios y los hermanos la misma mesa. Por eso se invitará a los de los caminos, a los que no tienen tierras ni negocios, a los excluidos y marginados que están en los cruces, a buenos y malos. El banquete, el Reino, como dice la primera lectura de hoy es “para todos los pueblos” (Isaías), es universal, es católico. Por eso nuestra Iglesia, nuestra Eucaristía, no debe casarse con las clases sociales de mayor prestigio y dinero, es para todos, no puede ser que los pobres están en la puerta pidiendo y los de dentro cantemos “los pobres hemos puesto la esperanza en Ti”, aunque sea remotamente los marginados de las encrucijadas y de las periferias deben ser invitados y estar dentro.

Mateo introduce al final la idea de que los invitados deben ser conscientes de que entrar en el Reino implica revestirse interiormente con el traje del banquete. Es la exigencia de Reino: hemos sido invitados gratis y por amor, pero algo debemos hacer para que el amor no quede en bellas palabras. No es abaratando el cristianismo, (bautizamos a todos), como contribuimos a su universalidad, quizás sólo lo prostituimos. El celo por ser misioneros y extender el Evangelio, debe llevarnos no a la fácil componenda, sino al cambio interior profundo. El Evangelio del Reino no parece admitir vías intermedias, estamos invitados todos, no estamos obligados, pero si aceptamos nuestra vida debe cambiar. Comprender la universalidad del Reino y las exigencias para entrar en él es el tema que nos ocupa hoy. ¿Cuál es el criterio, el traje?: el amor fraterno por encima de todas las demás cosas, aunque aparentemente las normas, las leyes, e incluso nuestros planes pastorales, parezcan importantes.
Hoy es el día del Pilar, patrona de España y de la Hispanidad, María sabe de esto, ella canta que Dios: “desbarata los planes de los arrogantes, derriba del trono a los poderosos y exalta a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide de vacío”. Atentos, quizás sea este el criterio definitivo.

 

 


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