Comentario al Evangelio del

Julio César Rioja, cmf

Queridos hermanos:

La parábola de los viñadores homicidas es una clara referencia a las relaciones entre el Reino de Dios y el pueblo de Israel. En el Antiguo Testamento (primera lectura de Isaías), Israel es la viña plantada por Dios “qué esperando que diera uvas, dio agrazones”. En el texto se hace alusión a que los principales profetas fueron, por lo general, maltratados, finalmente, no se detuvieron ni ante el “hijo” al que condujeron fuera de la ciudad para matarlo. La conclusión es clara: se les quitará el Reino por despreciar la piedra angular y “se dará a un pueblo que produzca sus frutos”. ¿Qué nos dice esto en nuestro contexto de hoy?

Podemos descubrir en nuestra Iglesia esa viña que ha sido plantada por Dios. También hoy, Él nos envía mensajeros para comprobar si nuestro trabajo está en función del Reino o de nuestros intereses. Podríamos repasar la historia de la Iglesia que tiene un solo dueño: Dios; pero que a lo largo de los tiempos, en ella se han mezclado intereses personales y mezquinos, reformadores que fueron maltratados, corruptelas, no aceptación de los cambios, (de lo que es buen exponente el Concilio Vaticano II) y otras lindezas. Es verdad que todo esto ya se encargan de resaltarlo nuestros detractores, pero la parábola de hoy es una seria advertencia a todos los que, de una manera u otra, nos sentimos los dueños de la comunidad, más preocupados de llevar adelante nuestros proyectos que de pensar cuales son los proyectos de Dios para su Iglesia. El estar dentro de la Iglesia no nos da garantías de estar trabajando para Dios si nuestra actitud profunda no se adecua a los criterios del Reino, presentados en todos los domingos anteriores. No tengamos miedo a leer la historia de estos XXI siglos a la luz de esta parábola, muchas cosas incomprensibles pueden resultar más claras y diáfanas.

La frontera del Reino sólo es conocida por el mismo Dios y la Iglesia no acapara el Reino, todas las piedras pueden servir para la construcción del Reino, no podemos pensar que lo nuestro es lo mejor y lo que Dios quiere y bendice. No quedan lejos los tiempos en los que un régimen o una ideología fueron presentados como los auténticos intereses de Dios. No intentemos construir el edificio de la comunidad del Reino seleccionando nosotros las piedras, como si unas fuesen válidas y otras despreciables, lo que a nuestros ojos no es válido, puede serlo a los ojos de Dios; y viceversa. No debemos excluir a todos los que con buena voluntad aunque con sus ideas y esquemas, intentan agregar un granito de arena a la construcción de una humanidad mejor. La actitud realmente evangélica es saber que los bienes de Dios pertenecen a todos los hombres, sean bienes del espíritu o bienes materiales. Puede parecer demasiado, nos hemos acostumbrado a un señorío sobre los bienes de Dios como para que ahora renunciemos a ellos, (no puedes ser como decía el pasado domingo, que las prostitutas vayan por delante). Sin embargo se nos podrá quitar el Reino y éste será entregado a gente con más deseos de servir a sus hermanos.

Es tiempo de reflexión, pertenecer a la Iglesia y conocer a Jesús es lo mejor que nos ha pasado, pero debemos de estar atentos, abiertos y con humildad reconocer nuestros pecados y deformaciones. No se trata de sentirnos perseguidos o mártires, sino de entrar en diálogo con otros y aportar lo que podamos, para que “todos tengan vida y vida en abundancia” y nuestro pueblo “produzca sus frutos”.  

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