Comentario al Evangelio del

Fernando Torres Pérez, cmf

 

      No sabe uno a qué carta quedarse. Si utilizar estas líneas para comentar la primera, y sabrosa, lectura, o centrarse en el Evangelio. Vamos a ver si se puede decir algo de las dos. 

      La primera, del profeta Ezequiel, como todos estos días, habla de los pastores. Mejor, de los malos pastores. Dice que se apacientan a sí mismos, que se comen su enjundia, se visten con su lana, que no las cuidan ni las protegen. En una palabra: que no hacen lo que tienen que hacer. Y por eso, las ovejas andan descarriadas y sin rumbo. Com ovejas sin pastor. Lo malo es que las ovejas es una forma de hablar del pueblo de Israel. Y los pastores se refiere a sus gobernantes. A Dios no le gusta lo que hacen esos pastores. Así que les va a quitar el rebaño. Va a liberar a sus ovejas de la opresión. 

      Ojo los que tienen responsabilidades de gobierno. De cualquier tipo y/o nivel de gobierno. El profeta les recuerda (me recuerda) que el poder no es un fin en sí mismo, que no se tiene para sentirse uno más seguro sino que es fundamentalmente un servicio que se hace a los demás. El papa Francisco ha dicho lo mismo pero de una forma un poco más positiva que el profeta Ezequiel al referirse a los obispos de nuestra Iglesia. Ha dicho que quiere “pastores que huelan a oveja”. No hace falta decir más. El que tenga oídos que oiga. 

      El Evangelio es otra historia. La viña del Señor es grande y necesita muchos trabajadores, muchos brazos que construyan el Reino, la fraternidad, la justicia. Que hagan una casa donde todos tengan cabida y nadie se sienta excluido. Todos estamos llamados para trabajar en el Reino, para hacer de este mundo la casa de los hijos e hijas de Dios. No puede haber competencia entre los trabajadores. No hay timbres de honor ni méritos. No hay derechos adquiridos por antigüedad. El gozo, el premio, está en el reino mismo. Dios es bueno y quiere a todos por igual. ¿Vamos a tener envidia del otro simplemente porque Dios es bueno y le trata igual que a nosotros? ¿Es que aspiramos a una parcela mejor que los otros? Si es así, significa que todavía no hemos entendido ni la primera lección de lo que es el Reino que vino Jesús a anunciar y por el que se dejó la vida en la cruz. 

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