Comentario al Evangelio del

Carlos Latorre, cmf

Queridos amigos:

Escribo estos comentarios a la Palabra de Dios desde Barbastro, la ciudad donde tuvo lugar el martirio de los 51 Misioneros Claretianos, 40 de ellos tenían de 21 a 25 años nada más. Estaban en la flor de la vida, a punto de terminar su formación sacerdotal y soñando con un futuro misionero inmediato, alguno de ellos en los lejanísimos territorios de China.

Esta pequeña ciudad del somontano aragonés fue escenario de mucha crueldad y muchísima mayor grandeza de su obispo, sacerdotes, religiosos y laicos que murieron víctimas de la persecución religiosa que se desató en España sobre todo a partir de julio de 1936.

Barbastro se ha convertido en centro de peregrinación de muchos cristianos que descubren el heroísmo de estos mártires y piden su ayuda en tantos combates que todos tenemos que enfrentar en la vida. Como ambientación para preparar el recorrido presencial de estos lugares tan evocadores, se puede hacer una visita virtual a la casa-museo en la web: www.misionerosdebarbastro.org            

Quisiera subrayar dos rasgos muy llamativos de este grupo de jóvenes mártires.

En primer lugar, la unión del grupo formando un “solo corazón y una sola alma”. Esa fue su fuerza y su defensa.  Sí, es cierto que estaban acostumbrados a vivir juntos y a compartir todo en el Seminario de Barbastro, pues aunque ya tuvieran de 21 a 25 años no gozaban de habitaciones privadas: la sala de estudio, la capilla, el comedor, los recreos…todo lo hacían juntos. Por tanto se conocían bien unos a otros y se relacionaban como una familia.  En los momentos de angustia durante el día o la noche o cuando se acercaba alguna prostituta, encontraban siempre un compañero al lado dispuesto a escucharte, a darte un abrazo y a defenderte.

La película UN DIOS PROHIBIDO, premiada por la Conferencia Episcopal Española y por el Vaticano, narra con mucho acierto los momentos más significativos de su heroísmo: https://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=eqXn6sA2zgc

¿Estaban alegres, reían los mártires? No sólo reían y estaban alegres, sino que tenían totalmente desconcertados a los guardias –así lo atestigua el guardia Andrés, que más tarde fue sacerdote y pudo certificar que era verdad-. Veía que de pronto los seminaristas estallaban en carcajadas sin haber oído ninguna palabra ni saber por  qué se reían. Y es que para romper tanta tensión los jóvenes, siempre ingeniosos, sobre todo en los momentos más dramáticos, habían creado EL COMITÉ  DE LA RISA. Por turno, tres de ellos se encargaban cada día de contar historias, chistes, hacer bromas…a fin de romper el cerco de la angustia y la desesperación que, como humanos, no podían evitar. Sobre todo cuando en el mismo salón los sometían a simulacros de fusilamiento obligándoles a colocarse mirando a la pared mientras los milicianos paseaban sus fusiles por sus espaldas y elegían a quien iban a matar!!!

Como les habían prohibido hablar entre ellos, entonces aprendieron un “lenguaje nuevo de gestos, señas y movimientos”, como por ejemplo mover las cejas o hacer muecas para comunicarse entre ellos y despistar a los guardias. Los dos argentinos liberados lo testificaron. Eran jóvenes e inteligentes y sabían cómo organizar la vida para ayudarse.

Todo lo tenían prohibido: hablar entre ellos, rezar y, sobre todo, tomar la comunión “porque eso les da mucha fuerza”, decían los milicianos. Pero, ¿de dónde sabían ellos que daba tanta fuerza, si eran ateos de primera fila y tenían la pretensión  de arrancar de cuajo la religión de España?

Carlos Latorre
Misionero Claretiano

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