Comentario al Evangelio del

Pedro Belderrain, cmf

Queridos amigos,

En cierto sentido acabamos la semana como la habíamos empezado. Según el lugar en el que celebremos la eucaristía se nos proclamará un texto del evangelio u otro. Quienes vivimos en Europa hacemos especial memoria de santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein), virgen y mártir del siglo XX. Quienes celebremos su fiesta litúrgica escucharemos Mt 25, 1-13, el texto que nos habla de las diez doncellas y de cómo algunas fueron capaces de esperar al Esposo. Quienes continuéis la lectura ordinaria de la Palabra os confrontaréis con Mt 17, 14-19, un episodio algo  llamativo en el que un hombre pide a Jesús la curación de su hijo que los discípulos no han logrado. El relato, en el que hay muchos elementos en los que fijarse, termina con una afirmación muy clara de Jesús: “si tuvierais fe nada sería imposible para vosotros”.

La vida de Teresa Benedicta de la Cruz confirma la frase de Jesús: la fe es capaz de abrir las puertas más complicadas, de derribar los muros que parecen más inexpugnables. Inmensa en el imperio de un régimen ideológico bárbaro e inhumano, alimentada en las fuentes de la Antigua Alianza, Edith Stein confesó con gozo la fe y la esperanza en la vida eterna en medio de las cámaras de gas, la persecución y el exterminio. Tristemente es fácil identificar en nuestros días la existencia de regímenes políticos que han cogido caminos parecidos. En ellos muchos cristianos se juegan la vida para mantener encendida la lámpara de la Palabra. Tengamos hoy para ellos un recuerdo especial en la oración y preguntémonos qué podemos hacer para acompañar su martirio.

Agradezcamos también la constante presencia del Señor, que camina a nuestro lado. Precisamente el 1 de octubre de 1999, al incluir a Teresa Benedicta de la Cruz entre los patrones de Europa, Juan Pablo II, que sabía muy bien de qué hablaba, hizo una afirmación preciosa, que como decimos en España pone los pelos de punta: “Él, Dios con nosotros, ha sido crucificado en los campos de concentración y en los gulags, ha conocido el sufrimiento en los bombardeos y en las trincheras, ha padecido donde el hombre, cada ser humano, ha sido humillado, oprimido y violado en su irrenunciable dignidad”. La frase, expresamente redactada, señala que Cristo el Señor ha compartido la experiencia de los millones de personas que en las últimas décadas han conocido y siguen conociendo esos infiernos: ¡ánimo, hermanos, Él, siempre Dios con nosotros, continúa a vuestro lado! ¡Shalom! ¡Venga a nosotros tu Reino!

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