Comentario al Evangelio del

José María Vegas, cmf

Creer para subsistir

En una situación humanamente desesperada, el profeta exhorta al rey y al pueblo desalentados a confiar sólo en el Señor. Las palabras finales del texto, “si no creéis, no subsistiréis”, afirman que la salvación del ser humano depende sólo de Dios. Esto no siempre es fácil de creer, pues hay situaciones tan extremas que parecen conducir sólo o a la muerte, o a compromisos que, para sobrevivir, exigen renunciar a la fidelidad, a la coherencia personal, a la honestidad. En esas situaciones estamos tentados de ganar una porción de vida (de bienestar, de seguridad, etc.) a cambio de vender el alma y la dignidad, renunciando a nuestras convicciones profundas.

Jesús ha venido a la tierra a mostrarnos el camino de la salvación, que no consiste en “ir a un sitio”, sino en ser plenamente sí mismo y vivir de acuerdo a nuestra dignidad, algo posible sólo en comunión con Dios. Y no nos ha ocultado que, a veces, para ello, hay que estar dispuesto a pagar un alto precio. Él mismo lo ha pagado por todos nosotros, entregando su vida en la cruz, por amor al hombre y por fidelidad a Dios su Padre. Jesús se propone como camino y ejemplo de vida. Pero en su vida mortal experimentó el rechazo de muchos, que preferían otras seguridades más inmediatas, tal vez más cómodas. Las amargas palabras que pronuncia en el Evangelio de hoy expresan su desengaño por la falta de respuesta de ciudades y pueblos que han decidido poner su confianza en bienes efímeros, a pesar de los grandes signos salvíficos que le han visto hacer. En estas palabras se ve con claridad hasta qué punto, “si no creéis, no subsistiréis”. La versión griega de este texto suena de forma algo distinta, pero también cargada de sentido: “si no creéis, no comprenderéis” (cf. Lumen Fidei 23-24). En efecto, la fe como confianza es la condición para comprender lo que de tejas abajo resulta incomprensible: la acción salvífica de Dios por la muerte y la resurrección de Cristo.

San Buenaventura, cuya memoria celebramos hoy, nos enseña la profunda relación entre fe, comprensión y vida. En sus obras, dice el gran especialista E. Gilson, se tiene la sensación de estar ante un san Francisco al que le ha dado por filosofar y que encuentra por todas partes el rostro de Dios. No en vano su obra principal no es meramente especulativa, sino que muestra el “itinerario del alma hacia Dios” (Itinerarium mentis in Deo). La memoria de los santos, como la de San Buenaventura hoy, no es el recuerdo de personajes pasados, sino la celebración actualizada de aquellos que, porque han creído, subsisten, viven en plenitud, han alcanzado la plena comprensión, y nos ayudan a comprender, vivir y creer.

José M. Vegas cmf

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