Comentario al Evangelio del

Luis Manuel Suarez, cmf

Queridos amigos:

¿Nunca os ha sorprendido la actitud de Jesús con las mujeres? Sobre todo cuando nos dicen que en su tiempo estaban completamente subordinadas a los varones –al padre hasta los 12 años y, a partir de entonces, al marido- y que su palabra no tenía valor en los actos públicos. Hoy tenemos dos ejemplos de mujeres que no cuentan: la que se le acerca en silencio por detrás y la niña que estaba postrada.

Y aparece Jesús y no discrimina: “El que cumple la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana...” (Mateo 12,50) [¡A ver si fue Él quien inventó ese lenguaje inclusivo que a algunos tanto molesta!]. Y no sólo no las discrimina, sino que las coge de la mano, las cura, las pone en pie... Al mismo Jesús “lo acompañaban los Doce y algunas mujeres” (Lucas 8, 1-2) que, por cierto, son las que permanecen fieles hasta la cruz y las primeras en dar testimonio de la Resurrección.

Lo que nos cuentan los evangelios sobre la actitud de Jesús hacia las mujeres lo resume Pablo así de bien: “No hay ya judío o griego, esclavo o libre, varón o mujer, porque todos sois uno en Cristo Jesús” (Gálatas 3, 28). Por encima de lo que nos distingue –incluso el ser de derechas o de izquierdas, del Barça o del Madrid...- hay algo más grande que nos une y que hace inaceptable que las diferencias se conviertan en desigualdad y subordinación: Cristo nos mira a tod@s con la misma dignidad. Quizá porque es Hijo del Padre que quiere vincularse a su pueblo “en derecho y justicia, en misericordia y compasión... en fidelidad”.

Por condicionamientos sociológicos o culturales hemos tardado en darnos cuenta. Pero una vez que lo sabemos, es hora de seguir sacando las consecuencias. En la sociedad, en la Iglesia y en el mundo. Por fidelidad al Maestro.

Vuestro hermano en la fe:
Luis Manuel Suárez, cmf

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