Comentario al Evangelio del

C.R.

Queridos amigos:

El relato del encuentro de Felipe con un ministro de la reina de Etiopía es un prodigio catequético y literario semejante al relato de los discípulos de Emaús. Os invito a meditarlo con calma, sin perder detalle. Por si os ayuda, os ofrezco algunos chispazos sueltos:

  • Es la primera vez que se anuncia el evangelio a un extranjero. Los frutos de la “dispersión” causada por la muerte de Esteban comienzan a hacerse visibles.
  • Este extranjero es un personaje de relieve, simpatizante del judaísmo.
  • El relato tiene una estructura sacramental: hay liturgia de la Palabra y liturgia sacramental (en este caso, rito del bautismo). En el fondo, el relato es un reflejo del proceso de iniciación cristiana que se vivía en las comunidades lucanas.
  • Lo que comienza siendo un encuentro “en el desierto” (en la carretera de Jerusalén a Gaza, que cruza el desierto) acaba siendo un encuentro “junto al agua”.
  • Este encuentro impulsa al neo-bautizado (cuyo nombre no se indica en ninguna parte) a seguir su viaje lleno de alegría.
  • Lo que el viajero no entiende del libro de Isaías es lo mismo que “no entendían” los discípulos de Emaús: el escándalo de un Mesías sufriente.

¿No encontramos en este relato algunas claves para la evangelización de nuestro tiempo? Descubro las siguientes:

  • Necesitamos “ponernos en camino hacia el Sur”, aunque esto implique atravesar algunos desiertos. Sólo “en el camino” suceden los encuentros que rompen nuestra modorra eclesial. Sólo saliendo descubrimos a las personas que buscan.
  • Necesitamos “acercarnos y pegarnos a la carroza” de la gente y atrevernos a dar el primer paso, a preguntar: ¿Entiendes lo que está pasando? ¿Cómo ves la vida? ¿Qué es importante para ti?
  • Necesitamos dejarnos invitar a compartir nuestra experiencia acerca de la Palabra de la vida, sabiendo –como nos recuerda el evangelio de hoy- que nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado.
  • Necesitamos simplificar las cosas, hacer propuestas de seguimiento que vayan a lo esencial y no obliguen a las personas a interminables itinerarios que desgastan y hacen perder la paciencia y la alegría.

Seguro que vosotros descubrís muchas más cosas. No olvidéis que siempre podemos compartirlas a través de este desierto “poblado” que es la red. ¡Suerte!

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