Comentario al Evangelio del

Fernando González

Queridos amigos y amigas:

Hace pocos días celebré la eucaristía con una pequeña comunidad cristiana. El evangelio era precisamente el mismo de hoy. El responsable de la comunidad me dijo: “Insiste mucho en el perdón. Aquí hay mucho resentimiento”. Hablando con unos y otros, me di cuenta de que el odio más peligroso es el que nunca se expresa, el que parece haberse diluido en la bodega de nuestro inconsciente. Pero está ahí, pronto a devorar a otros y a devorarnos a nosotros mismos. El “odio” es siempre una finca pendiente de evangelización en el amplio terreno de nuestra personalidad.

El evangelio de Jesús llega hasta esa finca recóndita. A los musulmanes, el amor a los enemigos les parece un precepto ético excesivo, reservado a unos pocos santos. A Gandhi, por el contrario, era lo que más le agradaba de Jesús. ¿Y a nosotros?

No merece la pena insistir sobre la obligación cristiana de amar a los enemigos. Presentada así, como una obligación, resulta incomprensible y casi despreciable. El itinerario que Jesús propone es partir de la propia experiencia en relación con Dios. Nosotros somos amados por el Padre, incluso cuando hemos actuado como enemigos. Sobre nosotros ha salido cada día de nuestra vida el sol de un amor inmarcesible. ¿Quién se atreve a no amar a los enemigos cuando ha sido inundado por un amor que de ninguna manera merece? Jesús lo dice de otras muchas maneras: “A quien mucho se le perdona, mucha ama”.

Vuestro hermano en la fe: 

Fernando González

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