Comentario al Evangelio del

Pablo Largo, cmf

Queridos amigos:

En estas alternancias en las reacciones y posiciones ante Jesús, tropezamos ahora con otra buena noticia: "de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron". La razón ya no es tan buena: "andaban como ovejas sin pastor".

Quizá se refleja ahí la situación en que nos encontramos nosotros. No hace falta ser un conservador recalcitrante para sospechar que hay mucho despiste.

Volvamos a lo que comentábamos el martes. ¡Hombre!, y en esto estamos de acuerdo con el Sr. Sádaba (aunque le haríamos algunas observaciones complementarias), también los creyentes sabemos discernir entre química y alquimia, astronomía y astrología (no perdemos el tiempo ni la razón leyendo el horóscopo), física y cosmología (pero de nuevo con matizaciones), medicina y magia, y así sucesivamente. Lo que ya es más problemático y no se da en nuestras sociedades pluralistas es ese horizonte claro que deslinde lo real de lo irreal, lo posible de lo imposible (y que haga ver que "para Dios no hay nada imposible"). También sufren estas sociedades la falta de una línea de demarcación entre lo técnicamente realizable y lo moralmente lícito, entre lo que es un derecho civil y lo que es un comportamiento éticamente inadmisible (caso del aborto) y en general entre lo que está bien y lo que está mal.

La pregunta es: si andamos como ovejas sin pastor ¿buscamos con actitud seria, sincera y tenaz dónde está lo verdadero y dónde lo bueno? ¿Somos relativistas, interesada o resignadamente relativistas? Zubiri hablaba hace 20 años de una gran oleada de sofística, de la invasión inundatoria del discurso y la propaganda. Sabemos de las luchas sordas o estruendosas que se dan entre los medios de comunicación, que "construyen" la realidad de formas tan enconadamente contrarias. Alfonso López Quintás ha publicado un libro ("Inteligencia creativa". BAC) que promete (todo el mundo promete, y en esto no tenemos por qué rechazar de plano cualquier promesa) enseñarnos a pensar críticamente y a desenmascarar los discursos capciosos. Es una gran promesa. Y tenemos necesidad de ese aprendizaje. Quizá, mejor dicho, sin duda alguna, también en este caso necesitamos que alguien "nos enseñe con calma" a ejercer ese pensamiento crítico. En el aprendizaje tendremos que someter a examen también al maestro (si lo es de verdad, lo estará deseando). Y él menguará, y nosotros creceremos, siguiendo la iluminación del "maestro interior", que quizá sea algo más que la "razón" de que nos han hablado los modernos.

Cordialmente,
Pablo Largo

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