Comentario al Evangelio del

Rosa Ruiz, misionera claretiana

"Como todo depende de la fe, todo es gracia". No sé qué es más difícil, aceptar que todo depende de la fe o que todo es gracia... No sé qué nos hace más bien, saber que todo depende de la fe o que todo es gracia... Quizá sólo desde ahí podemos esperar contra toda esperanza, como nuestro padre Abraham.

Sólo se espera lo que no se posee, lo que no se ha logrado. Sólo podemos esperarlo si con humildad reconocemos nuestra indigencia, nuestra necesidad, nuestro vacío... Esperamos lo que deseamos de todo corazón. Todo es gracia. ¡Ay si os creyéramos esto! No viviríamos tan preocupados de “lo que vais a decir, o de cómo os vais a defender, porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir”.

Reconozco que me falta fe y sobre todo, me falta esperanza; quizá porque me falta amor, porque tantas veces no sé amar bien, bien, bien. Aunque bien mirado, quién sabe si como escribió Charles Péguy, nuestra fe y amor son tan pobres porque no cuidamos nada a la pequeña esperanza… Que la poesía nos lo diga al corazón, allí donde el Espíritu Santo no deja de regalarnos el gesto y la palabra oportunos… siempre que le esperamos:

(…) Lo que me asombra, dice Dios, es la esperanza,
y no salgo de mi asombro.

Esta pequeña esperanza que parece una cosita de nada,
esta pequeña niña esperanza,
inmortal.

Porque mis tres virtudes, dice Dios, mis criaturas,
mis hijas, mis niñas,
son como mis otras criaturas de la raza de los hombres:
la Fe es una esposa fiel,
la Caridad es una madre, una madre ardiente, toda corazón,
o quizá es una hermana mayor que es como una madre.

Y la Esperanza es una niñita de nada
que vino al mundo la Navidad del año pasado
y que juega todavía con Enero, el buenazo,
con sus arbolitos de madera de nacimiento,
cubiertos de escarcha pintada,
y con su buey y su mula de madera pintada,
y con su cuna de paja que los animales no comen porque son de madera.
Pero, sin embargo, esta niñita esperanza es la que
atravesará los mundos, esta niñita de nada,
ella sola, y llevando consigo a las otras dos virtudes,
ella es la que atravesará los mundos llenos de obstáculos (…)

Por el camino empinado, arenoso y estrecho,
arrastrada y colgada de los brazos de sus dos hermanas mayores,
que la llevan de la mano,
va la pequeña esperanza
y en medio de sus dos hermanas mayores da la sensación
de dejarse arrastrar
como un niño que no tuviera fuerza para caminar.
Pero, en realidad, es ella la que hace andar a las otras dos,
y la que las arrastra,
y la que hace andar al mundo entero
y la que le arrastra (…)”

Vuestra hermana en la fe, Rosa Ruiz, Misionera Claretiana

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