Comentario al Evangelio del

Rosa Ruiz, misionera claretiana

La Iglesia celebra hoy a la que probablemente es la santa más conocida y querida... o una de ellas. Mujer castellana y recia, como la muralla de Ávila; acogedora y abierta como sus postigos y puertas que lejos de "separar", protegen, reúnen e invitan a entrar dentro.

Ya sé que se trata de comentar la Palabra... Permitidme que hoy lo haga de la mano de Teresa, "la de Jesús", como gustaba de llamarse ella. Proclamada por la Iglesia Doctora y, por tanto, mujer sabia, mujer que ha sabido encontrar y saborear lo esencial y además es Maestra. Es decir, nos ayuda a otros a hacer esa misma experiencia: adentrarnos en la vida, en nosotros mismos y en Dios con "determinada determinación", con pasión, con delicadeza, con todos los sentidos... Es esa forma de vivir que nos alimenta "con pan de sensatez y nos da a beber agua de prudencia", en palabras del Eclesiastés.

Podría parecer que es más descansado vivir con cierta dosis de superficialidad, sin tanto "ir a dentro" (¡con lo que cuesta sacar agua de algunos pozos a veces!) ni en mí, ni en Dios, ni en la vida... Pero cuantos han hecho esta experiencia nos dicen lo mismo: hay cargas muy ligeras y yugos muy suaves... hay un modo de ser manso y humilde de corazón que está muy adentro... que nos da descanso al Adentrarnos en El, en Su corazón... Hay un modo de ser mano y humilde que nos serena y hace pobres, pequeños, pero no nos anula, no pide nuestra sumisión. En la mejor tradición cristiana, el manso no es pusilánime; es valiente, libre, arriesgado. La humildad y mansedumbre se da en personas de carácter recio, maduras, con suficiente equilibrio interior como para no perder la libertad cuando por alguna causa, eligen no hacer lo que ellas querrían… o a su modo…

Aprendamos de Jesús, el manso y humilde. No dejemos de ser nosotros mismos, pero como Teresa, seamos "de Jesús". Siempre más adentro…

Si para recobrar lo recobrado
tuve que haber perdido lo perdido,
si para conseguir lo conseguido
tuve que soportar lo soportado.

Si para estar ahora enamorado
fue menester haber estado herido,
tengo por bien sufrido lo sufrido
tengo por bien llorado lo llorado.

Porque después de todo he comprendido
que no se goza bien de lo gozado
sino después de haberlo padecido

porque después de todo he comprobado
que lo que tiene el árbol de florido
vive de lo que tiene sepultado.

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